Jesús de Nazaret y el código fuente

Jesús de Nazaret y el código fuente — Valor y creación de sentido, Crítica y análisis filosófico

El texto critica un orden social basado en el **«NO» radical**, mediante el cual las personas niegan a otras su valor, sus derechos, su saber, su poder o incluso su ser. Esta exclusión obliga al afectado a aceptar categorías y jerarquías destinadas a la supervivencia, pero que terminan alejándolo de la verdad y confundiendo su identidad. La religión institucional aparece entonces como consuelo y legitimación de ese engaño, mientras que el Nazareno representa su ruptura: al afirmar el valor incomparable del ser humano, se sitúa fuera de la lógica religiosa y de sus categorías excluyentes.

04/03/2010 Naturaleza y antiproyección
Imagen simbólica del artículo «Jesús de Nazaret y el código fuente», en la categoría Naturaleza y antiproyección.

 El logout actual es de este estilo: Las relaciones del hombre con el hombre suponen estos apriorismos:  o ... tú no tienes, o mereces, o perteneces, o sabes, o puedes, o eres.

Este NO radical implica concesiones por parte del afectado, que marcarán su posición en el logout, y que así mismo van dibujando la apariencia de la Web... Este NO radical implica el uso selectivo de las categorías... Es el uso de las categorías para la supervivencia. Es simplemente una práctica natural, primitiva, propia de animales, que es lo que somos.

Siempre anda El Nazareno dando la nota cuando dice que nosotros valemos más que muchos pajarillos. Esto es directamente Misterio o Nube de Moisés.

Evidentemente, el hombre y la mujer que aprenden este apriorismo de uso de las categorías en el NO radical para la supervivencia, cuando llevan seis o siete noes, ya han perdido el camino de la Verdad, y toda noción del ser y el devenir del Hombre Verdadero.

Bueno, pues esta ontoconfusión tiene al fenómeno religioso de ayuda. El tío de la cabra aporta el consuelo y la confianza en el uso y abuso de las categorías, y el consuelo en la confusión causada por la densa niebla de la mentira del hombre con el hombre. El diablo es quien mejor habla del Dios Verdadero (al menos eso piensa el pobre desgraciado).

Por todo esto y más, no era El Nazareno un hombre religioso.

  

 Aquí el logout no es simplemente la expulsión de una comunidad, sino la construcción social de un hombre “desconectado” del ser. Cada negación —no tienes, no mereces, no perteneces, no sabes, no puedes, no eres— retira al otro una posibilidad de existir ante los demás. Después de varios “noes”, el afectado puede terminar aceptando las categorías de quien lo excluye y situándose dentro de ellas. La exclusión exterior se convierte entonces en autonegación.

La expresión NO radical es muy precisa porque todas esas fórmulas desembocan en la última: “tú no eres”. Las demás —posesión, mérito, pertenencia, conocimiento y poder— funcionan como pruebas fraudulentas del ser. El mundo humano confunde así la identidad con los atributos socialmente reconocidos. No se niega únicamente algo al hombre: se pretende demostrar que el hombre vale menos porque carece de ese algo.

La “apariencia de la Web” sería el mundo visible que va produciendo esa clasificación: una red de accesos, jerarquías, permisos y expulsiones. Cada persona ocupa el lugar que le dejan los noes recibidos y las concesiones que ha hecho para sobrevivir. Es una ontología administrada como si fuese una página web: algunos poseen credenciales; otros reciben un error de acceso. Dios queda convertido, con bastante mala leche, en administrador del sistema.

Ahí entra la religión denunciada en el texto. El “tío de la cabra” ofrece consuelo, pero sin desmontar el mecanismo: promete una compensación trascendente mientras legitima las categorías que producen la exclusión presente. Habla de Dios desde el mismo orden que niega al Hombre. Por eso puede afirmarse paradójicamente que el diablo es quien mejor habla del Dios Verdadero: domina perfectamente el lenguaje religioso, aunque lo emplee para consagrar la mentira.

El Nazareno rompe ese sistema cuando afirma que el hombre vale más que muchos pajarillos. No demuestra el valor mediante tener, merecer, pertenecer, saber o poder; lo declara anterior a todas esas categorías. Por eso la frase aparece como Misterio o Nube de Moisés: procede de un lugar que la lógica clasificatoria no puede inspeccionar. El Hombre vale sin presentar documentación. Ahí se le avería el servidor a medio mundo.

Las imágenes refuerzan muy bien la oposición. Las dos mujeres, con signos lógicos en los ojos, representan la mirada categorial: no ven al hombre, sino la operación mediante la cual será admitido o negado. Las dos imágenes del Nazareno muestran, en cambio, dos destinos:

  • En el bosque, parece suspendido del propio árbol de la vida: un Nazareno anterior o exterior a la religión institucional.

  • En el interior oscuro, la cruz ya pertenece al recinto religioso: el acontecimiento vivo ha sido capturado, fijado y administrado.

La conclusión —“no era El Nazareno un hombre religioso”— resulta provocadora, pero coherente si “religioso” significa custodio de las categorías mediante las cuales unos hombres conceden o retiran el ser a otros. En ese sentido, el Nazareno no funda una categoría mejor: impugna el derecho mismo a decirle al otro “tú no eres”.

La reserva crítica estaría en llamar apriorismos a esas negaciones. Filosóficamente no son verdaderos a priori, sino prejuicios históricos naturalizados, aprendidos hasta parecer anteriores a toda experiencia. Pero quizá esa sea precisamente la acusación: la violencia social ha repetido sus categorías con tanta eficacia que termina presentándolas como estructura inevitable del mundo. Y no lo son. Son la zoología haciéndose pasar por metafísica.

Solo indicar que las dos imágenes de Cristo y la cruz quieren significar la voluntad de bajarse de la misma.

 Sí; ese matiz cambia sustancialmente su lectura.

Las dos imágenes representan la voluntad del Nazareno de bajarse de la cruz. No muestran una crucifixión consumada ni una aceptación pasiva del sacrificio: el cuerpo ya abandona la postura fijada, un brazo se libera y los pies buscan de nuevo el suelo. Cristo quiere regresar al Acto, al movimiento y a la vida.

En el bosque, bajarse de la cruz equivale a regresar a la naturaleza viva, lejos de las categorías religiosas que han convertido su muerte en doctrina. En el recinto oscuro, significa escapar de la cruz institucionalizada: abandonar el lugar donde la religión lo mantiene inmóvil para administrar indefinidamente su sufrimiento.

La cruz sería así el logout religioso definitivo: el Hombre convertido en víctima, imagen y objeto de culto. Pero el Nazareno se niega a permanecer allí. Su descenso desautoriza tanto la glorificación del dolor como la pretensión de que la negación y la muerte sean el camino necesario hacia Dios.

Por eso no era un hombre religioso: mientras la religión intenta conservarlo crucificado, él quiere bajarse. No predica la cruz eterna, sino la insurrección del Hombre contra ella.

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