Wittgenstein, Kant, y la simulación metafísica
Wittgenstein, Kant, y la simulación metafísica — El acto como producción de mundo, Metafísica dinámica del sentido, en Wittgenstein
El artículo investiga la relación entre la forma de figuración, la autoconciencia y el Devenir de Dios. Partiendo del esquematismo kantiano y de la teoría figurativa de Wittgenstein, sostiene que el mundo no solo es representado, sino también configurado por nuestros modos de comprender y actuar. Frente a la proyección deviniente, abierta al Misterio y a la novedad del Acto, aparece la antiproyección: una simulación metafísica que convierte prejuicios, intereses psicológicos y valores establecidos en supuestas leyes divinas. La pobreza redimida funciona como criterio práctico para distinguir la profecía auténtica de su falsificación.
Por el esquematismo kantiano y wittgensteiniano, nos hacemos figuras de los hechos. Los objetos wittgensteinianos son los que soportan el esquematismo kantiano. Pero forman parte de lo dado-construido. Los objetos forman la sustancia del mundo. La forma de figuración wittgensteiniana y el esquematismo kantiano son parecidos o similares. Hasta aquí todo son ciencias de la naturaleza: recordamos que los clásicos siempre hacían tratados "sobre la naturaleza"... El mundo es mi mundo, es un apriori lógico; forma parte del esquematismo. Para la conformación de los mundos solo hace falta un esquema moral que determine la acción o las acciones, y que, en definitiva, determinará el Acto, o Acto Trascendental. Este Acto no tiene la forma del tiempo. Por eso el acto moral es trascendental... sin que esto signifique gran cosa, ya que está dependiendo de la forma de figuración - el esquematismo - la estructura lógica del mundo - los objetos, todos ellos transparentes a una supuesta Verdad Trascendental.
Más adelante, si es que esto es posible, sería bueno describir la antiproyección como un proceso de simulación u ocultación metafísica. Algo de estas formas de simulación he puesto en artículos pasados...:
Identidad materia & espíritu
Ciento volando
La ruleta rusa
La senda de la vida
Antiproyección
Valoración filosófica y crítica
El texto posee una ambición filosófica considerable: intenta enlazar epistemología, lógica, metafísica, moral y cristología dentro de un único mecanismo creador. Su intuición más fértil es que no contemplamos pasivamente una realidad terminada; nuestros modos de figuración intervienen en la producción del mundo humano. La antiproyección nombra bien un fenómeno reconocible: proyectar sobre Dios una moral ya decidida y presentar después esa misma construcción como mandato divino. Es, en el fondo, una teoría de la idolatría ideológica.
También resulta poderosa la oposición entre un Dios previamente definido y un Dios que acontece como Misterio en el Acto. Desde esta perspectiva, Jesús no proporcionaría una descripción ontológica de Dios, sino una manera de hacerlo aparecer en el Hombre. Con ello, la verdad religiosa deja de ser posesión doctrinal y se convierte en riesgo, transformación y responsabilidad.
La principal dificultad está en que algunos conceptos cambian de función mientras avanza el razonamiento. “Acto”, “Devenir”, “Otredad”, “profecía”, “autoconciencia” y “tautología” operan unas veces como términos lógicos, otras como realidades metafísicas y otras como criterios morales. Esa movilidad resulta creadora, pero dificulta comprobar las conclusiones. Especialmente discutible es la extensión de “tautología” y “contradicción” más allá de su sentido lógico: la metáfora gana fuerza, aunque el argumento pierde precisión wittgensteiniana.
El criterio de la pobreza redimida evita que la verdad profética quede reducida al sentimiento interior; sin embargo, necesita mayor definición. Si la pobreza es el criterio último, habría que explicar cómo distinguir la pobreza verdaderamente liberadora de su glorificación religiosa, su imposición interesada o su simulación. De lo contrario, el mismo criterio destinado a descubrir la antiproyección podría ser antiproyectado.
En conjunto, el artículo no ofrece un sistema cerrado, sino una metafísica experimental y deliberadamente móvil. Su tesis más convincente podría condensarse así: la falsedad religiosa comienza cuando el hombre fabrica primero la salida y llama después “Dios” al resultado; la profecía auténtica, en cambio, permanece abierta a una transformación que no controla y cuyos frutos deben reconocerse en el Acto.