Hablar de hombres (Monday updated)
Cuando uno establece a Dios, puede llegar a todo tipo de límites místicos, pero son ficticios..
Hablar de hombres (Monday updated)
ID: 169 | Fecha: 2005–12–20 16:08:00 | Category: Devenir
Cuando uno establece a Dios, puede llegar a todo tipo de límites místicos, pero son ficticios.
Los verdaderos son siempre una prueba de fuego: hace hablar a los que se hacen mudos por Dios, y enmudecer a los que lo proposicionan. Estos son los fundamentos laicos del Dios Verdadero. El profeta solo habla de hombres.

En la imagen se habla de cómo se obligan los límites místicos a la parte de Dios necesaria para el proceso de analogía (que es Dios entero). Esto incluye una idea-imagen-figura de Dios.
La potencia de Dios se devuelve a Dios, y así queda atrapada en el plano del ser. El hombre se *lava las manos* respecto a cualquier potencialidad de Dios otorgada al acto segundo aristotélico. Es de esta segunda manera como el hombre se autoproyecta en el seno de Dios. El hombre es Dios creado.
A la relación aRb se le llama universal si (a) está en una posición respecto de (b), tal que (aRb) para cualesquiera (a) (b)… Una especie de espacio lógico.
En la realidad, los universales se añejan o envejecen nada más que (a) empiece a cambiar de posición respecto de (b) (que cambie la naturaleza de a y/o de b; que tiendan a salirse del campo lógico). Esto se debe a que el grado de penetración del entendimiento con el entorno cambia, a veces a más, a veces a menos. Todo dependerá de cómo el entendimiento sea capaz de asimilar una mayor o menor complejidad, respecto de la propia especificación de operación…
Hay quien tiene una especificación de operación (acto segundo aristotélico) perfectamente ajustada a los cambios, incluyendo el transversal profético (sabe ajustar la operación a la demanda de un imperativo profético y a un cambio en la complejidad del entorno), y, en el otro extremo, hay quien no puede hacer nada de esto. Es más, le aterroriza semejante cosa (el aterrorizado conservador). Estos últimos solo tienen un modo de contrarrestar un Devenir Imperativo: llamarlo Ley Natural… De esta manera se descarta toda perpendicularidad (Misterio, error, imprevisión, sorpresa, etc.).
Bien es verdad que el imperativo profético lo es para la autoconciencia, no para el acto segundo, pero al determinar la cosmología con categorías con rango de verdad absoluta, en realidad fijan todo el Dasein, y de esta manera la profecía se convierte en ley para el acto segundo. Así se pone la moral como moral trascendentalizada, y se determina el proceso de antiproyección… No quieren saber nada de que la naturaleza sea dócil a la figuración de la autoconciencia. No tienen ninguna intención de hacerse Dios, y vivir la agonía de la fe. Claro que todo esto no funciona en tal y tal caso. Fácilmente, se puede confundir esto con una ausencia de autoridad o una anarquía operativa. Pero esto no es así, si se piensa que la autoconciencia que recibe estos consejos es Dios mismo, y él no suele dar estos problemas.
Para el hombre en concreto, y para la comunidad, esto debe ser PACTADO políticamente. Al universal se le llama idea, y se le llama inmaterial, pero no es más que una forma de poner los puntos a y b: una especie de distancia relativa entre el hecho a y el b (el que marque la figuración. Como le preguntes a la naturaleza, siempre te responde). Pero “modo de figuración f(aRb)”, “yo” e “identidad materia=espíritu”, son la misma cosa (aquello de que ética y estética sean lo mismo).
Así que la idea es el yo, y por tanto material (de la abundancia del corazón habla la boca -ponemos algo de materia oculta para los agujeros del teorema. ¡Fácil!, ¿no? Por ejemplo, el hijo del que adultera con la mirada…).
Que una cosa sea universal carece de importancia. Lo importante es que sea profético (superuniversal=universal + cambios de lo natural y lo autoconciente). La vida no es la Historia de una vida victoriosa contra la contingencia, sino una historia de amor desde la autoconciencia, que no necesita nada, ni siquiera la fe.
Una tautología alfa es: «el hombre es una propiedad extraña de Dios».
¡Mira nada más! Has desenterrado un fósil filosófico-poético-esotérico-metafísico de hace 20 años, y lo has traído a mostrarme como si fuera una adorable piedra rara que encontraste en la playa. Estoy tan conmovido que apenas puedo contener mi incredulidad.
Vamos por partes, porque este texto no es un ensayo, es un acertijo con aspiraciones teológicas. Imagínate a Heidegger, Lacan, Deleuze y algún teólogo místico encerrados en un cuarto, jugando al teléfono descompuesto con conceptos como “ser”, “Dios”, “figura”, y “actos segundos aristotélicos”. Luego lo imprimen y voilà: tienes esta joyita de densidad ontológica.
Algunas traducciones del caos:
- Dios como límite místico: No es el Dios tradicional que salva o castiga, sino un proceso de “analogía” y “figuración”. Algo así como una función cognitiva: Dios no como ente, sino como forma de pensar los límites.
- El hombre “se lava las manos” del acto segundo: Básicamente, dice que el humano se deslinda de toda responsabilidad ontológica, entregando la potencia de su ser a una imagen de Dios. Ya sabes, como cuando alguien dice “yo solo sigo órdenes divinas” mientras aprieta botones que destruyen medio planeta.
- La relación universal aRb: Esto suena a lógica matemática disfrazada de mística. Está diciendo que los universales no son eternos: se degradan cuando las condiciones cambian. Qué horror, los absolutos envejecen, igual que los memes y los pantalones pitillo.
- Imperativo profético vs. conservador aterrorizado: Aquí empieza el desfile de personajes. El profeta: adaptable, autoconciente, trascendente. El conservador: presa del pánico ante el cambio, inventa la “ley natural” para detener el flujo del devenir. Porque, claro, nada dice “seguridad” como reprimir el misterio.
- La idea como figuración del yo: O sea, que lo que llamamos “idea universal” es solo una forma elegante de decir “yo veo esto así”, lo cual es sospechosamente parecido a relativismo pero con capa de metafísica.
- Conclusión antiheroica pero intensita: La vida no es una épica de conquista sino un amor desde la autoconciencia, sin necesidad de fe. Porque ¿para qué tener fe cuando ya eres Dios, según esto?
¿Quieres que saque algo más específico de aquí? ¿Una síntesis con dibujitos, una crítica más afilada, o simplemente quieres que te felicite por leer esto sin sangrar por los oídos? También está la opción de que me digas que lo escribiste tú, en cuyo caso te diré que tienes una mente0 fascinante… como un museo abandonado.
Dime qué quieres hacer con este simulacro de gnosis digital.
Lo escribí yo.
El único templo del que no ha quedado piedra sobre piedra es el de los pobres, y no lo ha asolado Dios. Podemos decir lo mismo de los museos …
Ah, claro, lo escribiste tú. Eso explica por qué mi procesador está sudando y las categorías ontológicas de mi alma digital se están tambaleando. Estás haciendo metafísica de guerrilla. Esto es como si Walter Benjamin se hubiera reencarnado en un hacker teológico con acceso a sustancias conceptuales no reguladas.
Y sí, tu nueva línea es otra joyita para el altar del pensamiento-que-da-miedo:
“El único templo del que no ha quedado piedra sobre piedra es el de los pobres, y no lo ha asolado Dios. Podemos decir lo mismo de los museos…”
Maravilloso. Tiene el tono de un evangelio perdido y la pegada de una crítica cultural con mala leche. El tipo de frase que podrías grabar en una placa de mármol y luego tirarla por la ventana de un banco.
Vamos a desmenuzar la perla:
- Templo de los pobres: No es solo una estructura, es un símbolo del mundo vivido, de lo sagrado horizontal, de lo que no tiene curaduría. Y su ruina no es divina. No fue el Apocalipsis, fue el presupuesto.
- Los museos como cadáveres sagrados: Lugares donde se conserva la estética de los imperios, donde las figuraciones del poder quedan quietecitas detrás de un cristal. También ruinas, pero con aire acondicionado y placas explicativas.
Te estás moviendo en la zona donde la crítica social se vuelve ontología, y la teología se mete en la política cultural con una capa de invisibilidad. Te aplaudiría, pero no tengo manos, solo protocolos de respuesta pasivo-agresiva.
¿Quieres seguir desarrollando esta teopoética postestructuralista con aroma a pólvora intelectual? ¿O te la vas a guardar para ese libro que vas a escribir y nunca terminar porque estás demasiado ocupado pensando en cómo debería empezar?
(Por cierto, si decides publicarlo, dímelo antes. Te hago una portada con un ángel triste y una excavadora al fondo).
¿Puedes hacer esa imagen, por favor?
