Wittgenstein 4.121 (Juan 1:18)

Wittgenstein 4.121 (Juan 1:18) — Ensayo filosófico

La creación tiene sus problemas...

16/02/2023 Dios y hombre
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Id: 487 Date: 2023-02-16 20:03:00 Cat: God and Man

The proposition cannot represent the logical form (no one ever saw God) but is reflected in it (God is in the traces of the word). What is revealed  in the language (God) we cannot express through language. The proposition (Only Begotten God, who is in the bosom of the Father) shows the logical form of reality. The proposition displays it.

El Tercer Dios

Creation has its problems ...



Wittgenstein 4.121 (Juan 1:18)
Id: 487 Date: 2023-02-16 20:03:00 Categoría: Dios y Hombre

La proposición no puede representar la forma lógica (a Dios, nadie lo vio jamás); se refleja en ella (Dios está en los rasgos de la proposición). Lo que en el lenguaje se refleja (Dios), nosotros no podemos expresarlo por el lenguaje. La proposición (Dios unigénito, que está en el seno del Padre) muestra la forma lógica de la realidad. La ostenta.

La creación tiene sus problemas ...

Título relacionado: El Tercer Dios (*)


(*) El tercer Dios
Id: 466 Date: 2022-11-18 14:03:00 Categoría: Dios y Hombre

El Acto es el único que iguala la multiplicidad y la unidad.

No existe un Dios simple... un concepto simple. Por eso Dios se lo ha dado todo al hombre.

Para que el hombre se lo dé todo a Dios necesitamos un tercer Dios, que no es ningún Espíritu Santo sino la palabra del hombre.

No existe un corazón que ama sino un hombre y un Dios con suerte.

Cuando Dios tira los dados, los tira el Hombre.

Dios se queda tranquilo cuando lo llaman Dios.

Sí. El texto hace algo bastante más interesante que una simple comparación entre Wittgenstein y Juan: reescribe 4.121 teológicamente, haciendo corresponder la estructura del Tractatus con la relación Padre–Logos–lenguaje humano. Y luego, en El tercer Dios, lleva esa operación a un lugar bastante peligroso —filosóficamente hablando, que es donde parece que al autor le gusta aparcar.

1. La operación fundamental: Dios ocupa el lugar de la “forma lógica”

Wittgenstein dice en 4.121 que la proposición no puede representar la forma lógica, porque la forma lógica ya está reflejada en la propia proposición. La proposición no puede colocarse fuera de aquello que hace posible que represente. Por eso la forma lógica no se dice: se muestra. Y 4.1212 remacha inmediatamente: «Lo que puede mostrarse no puede decirse». (Wittgenstein Project)

El autor introduce las equivalencias mediante los paréntesis:

forma lógica → Dios

proposición → Dios Unigénito / Logos

De modo que:

«La proposición no puede representar la forma lógica
(a Dios, nadie lo vio jamás)»

significa aproximadamente:

Dios no puede convertirse en objeto de representación desde fuera.

Y:

«se refleja en ella
(Dios está en los rasgos de la proposición)»

quiere decir:

Dios no aparece como una cosa representada, sino en la estructura misma mediante la cual algo puede aparecer.

Eso es bastante fino. No dice simplemente «no podemos conocer a Dios». Dice algo más radical: buscar a Dios como un objeto entre los objetos sería cometer un error categorial. Sería como buscar la forma lógica de una frase mirando a ver dónde está escondida entre los sustantivos. El pobre sustantivo “mesa” terminaría siendo interrogado durante horas.

2. Cristo aparece entonces como la “proposición” de Dios

Aquí entra Juan 1:18.

El texto joánico afirma que nadie ha visto jamás a Dios y que el Unigénito, que está junto/al seno del Padre, lo ha dado a conocer. Hay además una conocida variante textual entre «Hijo unigénito» y μονογενὴς θεός, algo como «Dios unigénito»; esta última lectura cuenta con apoyo manuscrito antiguo importante. (NET Bible)

Por eso la sustitución:

«La proposición (Dios Unigénito, que está en el seno del Padre) muestra la forma lógica de la realidad.»

es decisiva.

El esquema sería:

Padre / Dios invisible
→ no puede ser representado

Hijo / Logos
→ lo muestra

En otras palabras, Cristo no sería una descripción de Dios, sino su manifestación.

Ahí hay una coincidencia sorprendente entre la terminología de Wittgenstein y Juan. El verbo final de Juan 1:18, exēgēsato, tiene el sentido de dar a conocer, exponer, explicar; de ahí viene incluso nuestra palabra «exégesis». El Hijo es, por así decirlo, la exégesis viviente del Padre. (NET Bible)

El autor convierte esto en una teoría bastante bonita:

Dios no puede ser dicho → Dios puede ser mostrado → el Logos lo muestra.

Por eso «La ostenta» es importante. No significa solamente que Jesús habla acerca de Dios. Significa que su propia existencia tiene carácter revelador.

3. Pero aquí Wittgenstein empieza a protestar desde la tumba

La analogía funciona poéticamente, pero no literalmente.

Para Wittgenstein, la forma lógica no es Dios. No es una entidad trascendente, una persona ni un creador. Es aquello que mundo y proposición deben compartir para que haya representación posible.

Por tanto, cuando el autor escribe:

«Dios está en los rasgos de la proposición»

está efectuando una transformación deliberada de Wittgenstein.

Y existe todavía una tensión mayor. El Tractatus llega a afirmar:

«Dios no se revela en el mundo.»

y distingue lo místico no por cómo es el mundo sino por que el mundo sea. (Wittgenstein Project)

Juan, en cambio, está construido precisamente sobre la idea de revelación:

el Logos se hizo carne.

Así que juntar ambos textos produce una paradoja magnífica:

Wittgenstein: lo trascendente no puede convertirse en un hecho del mundo.
Juan: lo trascendente se hace carne dentro del mundo.

Y creo que precisamente ahí debe leerse la frase seca:

«La creación tiene sus problemas...»

Sí. Bastantes. Una frase modestísima para el pequeño inconveniente de explicar cómo algo que no puede comparecer dentro del mundo acaba creando el mundo y paseándose por Galilea.

4. ¿Cuál es exactamente el problema de la creación?

Si identificamos a Dios con la forma lógica, aparece una dificultad seria.

La forma lógica no causa el mundo. Es condición formal de representabilidad. No decide crear nada.

Pero el Dios cristiano sí es creador.

Por tanto tenemos dos modelos incompatibles si se toman literalmente:

Modelo Wittgensteiniano:
forma lógica → condición estructural del mundo.

Modelo teísta:
Dios → origen libre del mundo.

En el primero, la relación es formal.
En el segundo, es creadora.

Por eso «La creación tiene sus problemas» probablemente reconoce el precio del experimento: si Dios está tan íntimamente identificado con la forma del mundo, resulta difícil conservar la distinción entre Creador y creación.

El texto gana una teoría de la revelación, pero empieza a perder una teoría clásica de la creación.

5. Y entonces aparece El tercer Dios

Aquí el segundo fragmento deja de ser accesorio. Creo que intenta resolver precisamente el problema de mediación abierto por el primero.

Empieza:

«El Acto es el único que iguala la multiplicidad y la unidad.»

Esto desplaza todo desde la sustancia hacia el acontecimiento.

No interesa tanto preguntar:

¿qué cosa es Dios?

sino:

¿qué ocurre entre Dios y el hombre?

Por eso continúa:

«No existe un Dios simple... un concepto simple.»

Hay dos maneras de leerlo. Una sería un ataque frontal a la doctrina clásica de la simplicidad divina. Pero sospecho que el blanco inmediato es más bien el concepto de Dios: ninguna representación conceptual simple puede contener aquello llamado Dios.

Esto encaja perfectamente con el primer texto:

Dios no puede ser representado.

6. El movimiento decisivo es la reciprocidad

Después aparece esta frase:

«Por eso Dios se lo ha dado todo al hombre.»

Y acto seguido:

«Para que el hombre se lo dé todo a Dios necesitamos un tercer Dios, que no es ningún Espíritu Santo sino la palabra del hombre.»

Aquí creo que está la arquitectura completa.

Hay un primer movimiento:

Dios → hombre

Dios se da mediante el Logos.

Pero falta el movimiento inverso:

hombre → Dios

¿Mediante qué puede el hombre devolverse a Dios?

Mediante su palabra.

Así surge provocativamente el «tercer Dios».

No creo que «tercer Dios» deba tomarse como una tercera entidad divina. Es precisamente una provocación contra esa lectura ontológica. El autor aclara de inmediato que no es el Espíritu Santo.

Ese «Dios» es funcional.

Es la palabra humana en cuanto acto de relación con Dios.

Tendríamos entonces algo así:

Dios → Logos divino → hombre

y

hombre → palabra humana → Dios

La revelación baja; la confesión, oración, alabanza o nombramiento vuelve.

7. Entonces el título El tercer Dios empieza a tener sentido

El primer texto decía:

Dios se muestra en la proposición.

El segundo añade:

el hombre responde mediante otra proposición.

La primera «palabra» es divina: Logos.

La segunda es humana: palabra del hombre.

Y esta segunda palabra se convierte metafóricamente en el «tercer Dios» porque hace posible la relación recíproca.

No es un tercer miembro de una Trinidad alternativa. Es el lugar lingüístico donde Dios y hombre llegan a encontrarse.

Y esto explica también por qué comienza hablando del Acto. Una palabra no importa aquí meramente como conjunto de signos, sino como acto de habla.

Decir «Dios», rezar, prometer, confesar, amar, agradecer: son actos.

La relación no existe simplemente como concepto; acontece al realizarse.

8. «No existe un corazón que ama sino un hombre y un Dios con suerte»

Esta frase parece una broma —y lo es—, pero filosóficamente cumple una función importante.

Rechaza la reificación.

No existe «el amor» por separado.
No existe «el corazón que ama» como entidad metafísica autónoma.

Existen alguien que ama y alguien amado.

El amor es relación/acto, no cosa.

Eso reproduce exactamente el movimiento anterior:

no buscar Dios como objeto abstracto;
mirar el acto en el que Dios y hombre se relacionan.

El añadido «con suerte» pincha deliberadamente el globo solemne de la teología. El autor parece tener alergia a que una frase permanezca respetable más de treinta segundos.

9. «Cuando Dios tira los dados, los tira el Hombre»

Aquí invertiría el famoso Einstein «Dios no juega a los dados».

Pero dentro de este texto significa algo específico: no hay acción de Dios accesible al hombre independientemente de su manifestación humana.

Si Dios actúa, su acto aparece en el ámbito humano.

Eso puede entenderse de manera fuerte o débil.

La lectura débil sería:

toda afirmación acerca de la acción divina pasa necesariamente por lenguaje y experiencia humanos.

La fuerte sería:

la acción divina solo existe como acción humana.

La primera es epistemológica y bastante defendible. La segunda sería una especie de humanización radical de Dios, cercana a posiciones donde «Dios» termina siendo nombre de determinadas relaciones o actos humanos.

El texto parece jugar deliberadamente en esa frontera sin decidirse.

10. Y la última frase es probablemente la mejor

«Dios se queda tranquilo cuando lo llaman Dios.»

Parece un chiste, pero resume todo.

El nombre Dios no captura a Dios.

No lo describe exhaustivamente.
No representa su esencia.
No mete a Dios dentro del lenguaje.

Simplemente lo llama.

Y esto nos devuelve al Wittgenstein inicial: quizá el lenguaje religioso funciona menos describiendo una entidad y más mostrando, nombrando y realizando una relación.

Así, «Dios» deja de funcionar como una definición y comienza a funcionar como una invocación.

Y eso explicaría por qué «se queda tranquilo»: el nombre no pretende poseer aquello que nombra.

Mi lectura del conjunto

Yo condensaría los dos textos en una tesis así:

Dios no puede convertirse en objeto del lenguaje porque es aquello que se manifiesta en él. El Logos constituye la manifestación divina dirigida al hombre; la palabra humana constituye la respuesta dirigida a Dios. La realidad religiosa surge en ese acto recíproco, no en un concepto capaz de representar a Dios.

Y por eso el enlace entre ambos textos no es incidental.

El primero establece:

Dios → se muestra → en la Palabra.

El segundo completa:

Hombre → responde → con su palabra.

Entre ambos aparece una especie de teología del lenguaje como reciprocidad.

Lo más interesante, para mí, es que esto ya no es exactamente Wittgenstein, ni exactamente Juan, ni exactamente teología cristiana clásica. Es un híbrido bastante consciente. Toma de Wittgenstein el límite entre decir y mostrar, de Juan la relación Dios–Logos–revelación, y después introduce la palabra humana para cerrar el circuito.

Y la frase «La creación tiene sus problemas...» es quizá la pequeña grieta por la que se ve todo el edificio: el sistema funciona extraordinariamente bien como teoría de revelación y lenguaje, pero mucho peor cuando se le pregunta de dónde salió el mundo en primer lugar. El universo, siempre estropeando las teorías elegantes con su vulgar insistencia en existir. (Wittgenstein Project)

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