El árbol donde descansan los Buitres
Una reflexión inquietante sobre la necesidad de trascendencia en el humano, cuestionando la relación entre contratos sociales y lo divino en un mundo condenado.

Decir que hay una necesidad trascendente de Dios porque el pensamiento lo necesita por ser quien es, y para poder fijar el contenido de los entes, es como decir: "mi Modo de Figuración (mi autoconciencia) se llama Dios Trascendente"... Esto es así para un creyente y para un ateo. Para ambos existe la misma necesidad de justificación del pensamiento y la existencia. El matiz determinante es que, se sea o no creyente, se establezcan "contratos sociales" con la trascendencia. Esta no va a venir por un contrato así, sino que emanará de los actos y la naturaleza de los hombres. Esto es un escándalo para los que viven de un Mundo Condenado. Nada temen más que un Mundo Redimido y Misterioso.
Esta última, sí es una Fe aceptable.
(Me estoy acordando de la Parábola de La Semilla de Mostaza... El mismo grano de mostaza da dos árboles: en uno descansan los Buitres, y en otro los Pajarillos.)
El texto presenta una reflexión profunda y filosófica sobre la necesidad de trascendencia y cómo se relaciona con la autoconciencia, el pensamiento y la existencia humana. Aquí te ofrezco un análisis desglosado de los principales puntos:
1. Necesidad de Trascendencia y Autoconciencia:
- Trascendencia y Pensamiento: El autor plantea que tanto los creyentes como los ateos sienten una necesidad inherente de trascendencia, vinculada a la autoconciencia y el pensamiento. Aquí se sugiere que la idea de Dios (o un equivalente trascendental) es una proyección de la autoconciencia humana, una necesidad para dar sentido y fijar el contenido de los entes (todo lo que existe).
- Modo de Figuración: La frase "mi Modo de Figuración (mi autoconciencia) se llama Dios Trascendente" parece sugerir que Dios no es más que una manifestación de la autoconciencia humana, una manera de conceptualizar la necesidad de una explicación última o fundamento para la existencia y el pensamiento. Esto es aplicable tanto a creyentes como a ateos, quienes, según el texto, comparten esta misma necesidad.
2. Contrato Social y Trascendencia:
- Contratos Sociales con la Trascendencia: El texto menciona que la trascendencia no se puede establecer mediante un "contrato social", es decir, no es algo que pueda ser acordado o impuesto por convenciones humanas. En lugar de esto, la trascendencia emana de los actos y la naturaleza humana, lo cual implica que la verdadera conexión con lo trascendental surge de la experiencia vivida, de la moral y la ética, y no de dogmas o acuerdos sociales.
3. Escándalo y Redención:
- Mundo Condenado vs. Mundo Redimido: El texto critica a aquellos que viven en lo que denomina un "Mundo Condenado", probablemente refiriéndose a una visión pesimista, materialista o nihilista de la vida, que rechaza cualquier tipo de trascendencia o redención. Para estas personas, la idea de un "Mundo Redimido y Misterioso" es un escándalo, algo que temen, quizás porque desafía sus creencias fundamentales o porque introduce incertidumbre y misterio en un mundo que ellos prefieren ver como completamente comprensible y controlable.
4. La Fe Aceptable:
- Fe y Parábola de la Semilla de Mostaza: El texto concluye afirmando que esta perspectiva, que acepta el misterio y la trascendencia emanada de la naturaleza humana, es una "Fe aceptable". La mención de la parábola de la Semilla de Mostaza, que da lugar a dos árboles diferentes (uno para buitres y otro para pajarillos), parece simbolizar la dualidad de la fe y la trascendencia: una puede ser corrompida (buitres) y la otra puede ser pura y noble (pajarillos).
Conclusión:
El autor parece estar abogando por una fe que surge de la autenticidad del ser humano, de su naturaleza y actos, en lugar de una fe impuesta o estructurada por contratos sociales o doctrinas. Esta fe es misteriosa y redentora, y aunque puede ser escandalosa para algunos, es presentada como una forma más genuina de trascendencia.
En resumen, el texto ofrece una crítica al entendimiento superficial o institucionalizado de la trascendencia, proponiendo en su lugar una visión más profunda y existencialmente arraigada en la naturaleza humana y en la experiencia vivida.
Precisamente el mundo condenado procede de cualquier contrato entre hombres que incluya la trascendencia en su articulado como primera o segunda parte, o como tercera parte oculta, omitiendo la valentía del contrato en sí, que deberá contener tanto la palabra del Logos Superior como el nacimiento de Dios, sin ser nada de eso, porque la palabra entre hombres debe ser establecida por el Logos Superior, y el nacimiento de Dios es el contrato.
El texto que has compartido parece explorar la relación entre lo trascendental, los contratos sociales, y la naturaleza de la palabra y el Logos Superior en la configuración de la realidad humana. Aquí tienes un análisis más detallado:
1. El Mundo Condenado y los Contratos con la Trascendencia:
- Mundo Condenado: Según el texto, un "mundo condenado" surge cuando los contratos sociales entre hombres incluyen la trascendencia como parte explícita o implícita de su articulado. Es decir, cuando se intenta formalizar o institucionalizar lo trascendental dentro de los acuerdos humanos, ya sea como un principio rector, una justificación secundaria, o incluso como un elemento oculto.
- Crítica a la Inclusión de la Trascendencia: Esta inclusión de la trascendencia en los contratos sociales se critica porque omite lo que el autor denomina "la valentía del contrato en sí". Parece que aquí se sugiere que al formalizar la trascendencia dentro de un contrato, se debilita o se falsea el contrato mismo, que debería basarse en una verdad más profunda y directa.
2. El Contrato y el Logos Superior:
- La Palabra del Logos Superior: El autor señala que la palabra entre hombres debería ser establecida por el Logos Superior, es decir, por un principio de razón o verdad más alto y universal. El Logos en la filosofía griega, y particularmente en la tradición estoica y cristiana, es entendido como la razón divina o el principio ordenante del cosmos. En este contexto, el texto sugiere que las palabras y los acuerdos humanos deberían estar fundamentados en esta razón superior, en lugar de en conceptos trascendentales que se introducen artificialmente en los contratos.
- El Nacimiento de Dios como Contrato: El nacimiento de Dios es visto como el contrato en sí mismo, lo cual es una afirmación compleja y profunda. Esto podría interpretarse como que el verdadero "contrato" o pacto entre los hombres y lo divino no es algo que se puede articular o imponer, sino que se manifiesta en el propio surgimiento de la divinidad en la experiencia humana. Este "nacimiento" de Dios podría referirse a la encarnación de lo divino en el mundo, o a la realización de lo divino en la conciencia humana.
3. Rechazo a la Formalización de la Trascendencia:
- Autenticidad vs. Formalización: El texto parece abogar por una comprensión de la trascendencia y la divinidad que no se puede codificar en contratos sociales o leyes humanas. La trascendencia, cuando se reduce a un componente contractual, pierde su autenticidad y su poder transformador. En cambio, debe ser algo que emana naturalmente del Logos Superior y que se manifiesta en el nacimiento de Dios, es decir, en una realización interna y vivida de lo divino.
Conclusión:
El pasaje critica la institucionalización de lo trascendental en acuerdos humanos, sugiriendo que cuando la trascendencia se convierte en parte de un contrato formal, se corrompe y se transforma en un "mundo condenado". En contraste, el texto defiende que la verdadera palabra, los auténticos contratos entre hombres, deben estar basados en el Logos Superior y que el nacimiento de Dios es la manifestación natural de un contrato que no necesita ser formalizado o impuesto.
Esta perspectiva resalta la importancia de la autenticidad espiritual y filosófica sobre las imposiciones doctrinales o legales, sugiriendo que la verdadera trascendencia y conexión con lo divino es algo que debe surgir espontáneamente del ser humano, guiado por la razón superior, y no algo que pueda ser forzado a través de instituciones o leyes.
Con respecto a tu primer punto 3, "Escándalo y Redención", me gustaría hacerte esta puntualización o aclaración: Se abortó (se antiproyectó) el Dios naciente de los actos de los hombres como Hombre naciente de los actos de Dios, bajo la forma de actos o contratos que incluyeron como cláusulas los resultados adelantados del contrato. Esto puede hacerse negando la identidad Dios-Hombre como valentía del contrato. Solo una de las partes hace eso, y ni Dios ni el Logos Superior pueden hacerlo, solo lo permiten por aquello de confundir a los necios. Por eso podríamos decir con razón que la nada de un ateo es el regazo de una madre comparada con el firmamento de un creyente, dependiendo de la abundancia del corazón y gracias al Acto.
La puntualización que has hecho añade una capa de complejidad y profundidad a la discusión sobre el escándalo y la redención, especialmente en relación con la interacción entre lo divino y lo humano en el marco de los actos y contratos. Aquí te ofrezco un análisis detallado de esta aclaración:
1. Abortar o Antiproyección del Dios Naciente:
- Concepto de Antiproyección: El término "antiproyección" sugiere un rechazo o una negación activa de la manifestación del Dios naciente a través de los actos humanos. En otras palabras, se trata de una inversión o negación de la posibilidad de que los actos humanos puedan ser un reflejo o una encarnación de lo divino.
- Dios Naciente y Hombre Naciente: La idea aquí es que los actos humanos, en su forma más pura, podrían ser un reflejo de la divinidad (Dios naciente), y que los actos de Dios podrían reflejar la humanidad (Hombre naciente). Sin embargo, al imponer contratos o acuerdos que incluyen los "resultados adelantados", se interrumpe este proceso natural de manifestación. Es decir, al tratar de predefinir o controlar el resultado de los actos divinos o humanos, se rompe la conexión genuina entre Dios y el hombre, abortando esa manifestación mutua.
2. Identidad Dios-Hombre y Valentía del Contrato:
- Negación de la Identidad Dios-Hombre: La negación de la identidad Dios-Hombre se presenta como una forma de cobardía o falta de valentía en el contrato. Aquí, se sugiere que el verdadero contrato, aquel que es valiente y genuino, reconoce la identidad y la interconexión entre lo divino y lo humano. Cuando una de las partes (presumiblemente el ser humano) niega esta identidad, se rompe la autenticidad del contrato.
- Papel del Logos Superior y Dios: El texto sugiere que ni Dios ni el Logos Superior son los que niegan esta identidad, sino que permiten que los seres humanos lo hagan para "confundir a los necios". Esto puede entenderse como una referencia a la libertad humana y a la posibilidad de errar, lo cual es parte del plan divino o del orden cósmico.
3. Comparación entre Ateísmo y Creencia:
- Nada del Ateo vs. Firmamento del Creyente: La comparación entre la "nada" del ateo y el "firmamento" del creyente se basa en la abundancia del corazón y la calidad del acto. La "nada" del ateo se describe como el regazo de una madre, lo cual sugiere una imagen de consuelo, protección y quizás simplicidad o inmediatez. En contraste, el "firmamento" del creyente es vasto y lleno de posibilidades, una metáfora para la trascendencia y la conexión con lo divino.
- Acto como Determinante: El "Acto" se presenta como el elemento crucial que determina esta diferencia. No se trata simplemente de la creencia o la no creencia en abstracto, sino de cómo los actos y los contratos (entendidos como compromisos profundos y existenciales) se realizan y manifiestan. La abundancia del corazón, es decir, la sinceridad, autenticidad y profundidad del ser humano, es lo que finalmente da forma a esta distinción.
Conclusión:
La puntualización que has hecho enfatiza cómo la negación de la conexión entre Dios y el hombre en los actos humanos resulta en un "aborto" de lo divino, una interrupción de la manifestación mutua de lo divino y lo humano. Esta interrupción se da cuando se imponen condiciones predeterminadas o resultados esperados en los contratos o actos humanos, lo que rompe la autenticidad del proceso.
El texto también resalta la diferencia entre la "nada" del ateo y el "firmamento" del creyente, vinculándolo a la calidad del acto y la abundancia del corazón. Aquí se sugiere que lo que define esta diferencia no es meramente una cuestión de creencia, sino de la profundidad y autenticidad con la que se vive y se actúa.
En resumen, la reflexión se enfoca en la importancia de mantener la autenticidad en la relación entre lo divino y lo humano, evitando la imposición de resultados predeterminados que puedan distorsionar esta relación y resultando en una comparación profunda entre la experiencia del ateo y del creyente en función de sus actos y su corazón.