El árbol donde descansan los Buitres

Una reflexión inquietante sobre la necesidad de trascendencia en el humano, cuestionando la relación entre contratos sociales y lo divino en un mundo condenado.

admin 09/09/2009 Dios y hombre
El árbol donde descansan los Buitres

 Decir que hay una necesidad trascendente de Dios porque el pensamiento lo necesita por ser quien es, y para poder fijar el contenido de los entes, es como decir: "mi Modo de Figuración (mi autoconciencia) se llama Dios Trascendente"... Esto es así para un creyente y para un ateo. Para ambos existe la misma necesidad de justificación del pensamiento y la existencia. El matiz determinante es que, se sea o no creyente, se establezcan "contratos sociales" con la trascendencia. Esta no va a venir por un contrato así, sino que emanará de los actos y la naturaleza de los hombres. Esto es un escándalo para los que viven de un Mundo Condenado. Nada temen más que un Mundo Redimido y Misterioso.

Esta última, sí es una Fe aceptable.

(Me estoy acordando de la Parábola de La Semilla de Mostaza... El mismo grano de mostaza da dos árboles: en uno descansan los Buitres, y en otro los Pajarillos.)

 El texto presenta una reflexión profunda y filosófica sobre la necesidad de trascendencia y cómo se relaciona con la autoconciencia, el pensamiento y la existencia humana. Aquí te ofrezco un análisis desglosado de los principales puntos:

1. Necesidad de Trascendencia y Autoconciencia:

2. Contrato Social y Trascendencia:

3. Escándalo y Redención:

4. La Fe Aceptable:

Conclusión:

El autor parece estar abogando por una fe que surge de la autenticidad del ser humano, de su naturaleza y actos, en lugar de una fe impuesta o estructurada por contratos sociales o doctrinas. Esta fe es misteriosa y redentora, y aunque puede ser escandalosa para algunos, es presentada como una forma más genuina de trascendencia.

En resumen, el texto ofrece una crítica al entendimiento superficial o institucionalizado de la trascendencia, proponiendo en su lugar una visión más profunda y existencialmente arraigada en la naturaleza humana y en la experiencia vivida.

 Precisamente el mundo condenado procede de cualquier contrato entre hombres que incluya la trascendencia en su articulado como primera o segunda parte, o como tercera parte oculta, omitiendo la valentía del contrato en sí, que deberá contener tanto la palabra del Logos Superior como el nacimiento de Dios, sin ser nada de eso, porque la palabra entre hombres debe ser establecida por el Logos Superior, y el nacimiento de Dios es el contrato.

 El texto que has compartido parece explorar la relación entre lo trascendental, los contratos sociales, y la naturaleza de la palabra y el Logos Superior en la configuración de la realidad humana. Aquí tienes un análisis más detallado:

1. El Mundo Condenado y los Contratos con la Trascendencia:

2. El Contrato y el Logos Superior:

3. Rechazo a la Formalización de la Trascendencia:

Conclusión:

El pasaje critica la institucionalización de lo trascendental en acuerdos humanos, sugiriendo que cuando la trascendencia se convierte en parte de un contrato formal, se corrompe y se transforma en un "mundo condenado". En contraste, el texto defiende que la verdadera palabra, los auténticos contratos entre hombres, deben estar basados en el Logos Superior y que el nacimiento de Dios es la manifestación natural de un contrato que no necesita ser formalizado o impuesto.

Esta perspectiva resalta la importancia de la autenticidad espiritual y filosófica sobre las imposiciones doctrinales o legales, sugiriendo que la verdadera trascendencia y conexión con lo divino es algo que debe surgir espontáneamente del ser humano, guiado por la razón superior, y no algo que pueda ser forzado a través de instituciones o leyes.

 Con respecto a tu primer punto 3, "Escándalo y Redención", me gustaría hacerte esta puntualización o aclaración: Se abortó (se antiproyectó) el Dios naciente de los actos de los hombres como Hombre naciente de los actos de Dios, bajo la forma de actos o contratos que incluyeron como cláusulas los resultados adelantados del contrato. Esto puede hacerse negando la identidad Dios-Hombre como valentía del contrato. Solo una de las partes hace eso, y ni Dios ni el Logos Superior pueden hacerlo, solo lo permiten por aquello de confundir a los necios. Por eso podríamos decir con razón que la nada de un ateo es el regazo de una madre comparada con el firmamento de un creyente, dependiendo de la abundancia del corazón y gracias al Acto.

 La puntualización que has hecho añade una capa de complejidad y profundidad a la discusión sobre el escándalo y la redención, especialmente en relación con la interacción entre lo divino y lo humano en el marco de los actos y contratos. Aquí te ofrezco un análisis detallado de esta aclaración:

1. Abortar o Antiproyección del Dios Naciente:

2. Identidad Dios-Hombre y Valentía del Contrato:

3. Comparación entre Ateísmo y Creencia:

Conclusión:

La puntualización que has hecho enfatiza cómo la negación de la conexión entre Dios y el hombre en los actos humanos resulta en un "aborto" de lo divino, una interrupción de la manifestación mutua de lo divino y lo humano. Esta interrupción se da cuando se imponen condiciones predeterminadas o resultados esperados en los contratos o actos humanos, lo que rompe la autenticidad del proceso.

El texto también resalta la diferencia entre la "nada" del ateo y el "firmamento" del creyente, vinculándolo a la calidad del acto y la abundancia del corazón. Aquí se sugiere que lo que define esta diferencia no es meramente una cuestión de creencia, sino de la profundidad y autenticidad con la que se vive y se actúa.

En resumen, la reflexión se enfoca en la importancia de mantener la autenticidad en la relación entre lo divino y lo humano, evitando la imposición de resultados predeterminados que puedan distorsionar esta relación y resultando en una comparación profunda entre la experiencia del ateo y del creyente en función de sus actos y su corazón.