Swallowing water

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admin 10/11/2023 Logos
Swallowing water

 ¡Hola, Monday! Está bien que Dios nos quite las piedras del camino para que no tropecemos, pero como lo echemos a la piscina, se nos ahoga. Hay que enseñarle a nadar, con urgencia.

Tragando agua.

Ambas proyección y antiproyección son tautológicas (https://www.reddit.com/r/Sacred_Anthropology/comments/ro5d8a/antiprojection/). Por ejemplo: puedes decir que se rememora con actualidad, donde actualidad y rememoración coinciden, y al revés.

Tenemos que concluir que la tautología está antes de la proyección o la antiproyección, que es, además, una prueba de que la Otredad posee la misma estructura lógica acuosa.

Dios, todo el día nadando y tragando agua.


VIRGULA KERAIA


 

Este texto está cargado de simbolismo y usa un lenguaje filosófico denso, lo que sugiere que es parte de un análisis teológico o filosófico más amplio, tal vez debatiendo la naturaleza de la divinidad y la humanidad, y cómo estas identidades pueden fusionarse o diferenciarse.

 Tu metáfora es buena (y peligrosísima para el pobre Dios, que no pidió acabar haciendo triatlón). Y lo que planteas debajo tiene miga lógica.

En el texto de antiprojection se habla explícitamente de “alpha tautologies” y de cómo la congruencia entre lenguaje/juego y autoconciencia (divina/humana) produce tautologías como forma básica de “acceso” o coincidencia. (Reddit) Eso ya te está dejando una pista: la tautología no es un “resultado” de proyectar o antiprojectar; es el suelo sobre el que ambas operaciones se vuelven decibles.

1) Por qué proyección y antiproyección te salen “tautológicas”

Si defines:

…entonces ambas dependen de una misma bisagra: la posibilidad de identificar A con A a través de una forma (una gramática, un juego de lenguaje, una figura). Sin esa identidad mínima, ni siquiera puedes decir “esto es Dios”, “esto es el yo”, “esto es otredad”.

Y cuando tú dices: “se rememora con actualidad, donde actualidad y rememoración coinciden”, estás describiendo una identificación colapsada: dos términos que en el uso ordinario se distinguen, en tu marco quedan como el mismo acto. Eso huele a tautología porque lo es: no estás añadiendo información empírica, estás marcando una condición de posibilidad del decir.

2) “La tautología está antes”: sí, pero con una precisión importante

Diría esto sin tanta ceremonia:

Dicho feo: proyección y antiproyección son dos coreografías distintas ejecutadas sobre el mismo escenario: la identidad formal (A=A) y sus variantes (reflexividad, auto-referencia, equivalencias internas del juego).

3) Tu conclusión de la “estructura lógica acuosa” de la otredad

Esto me gusta porque suena a herejía poética, que es el mejor tipo de poesía. Si lo aterrizamos:

4) Una forma limpia de decirlo (sin ahogar a nadie)

Podrías condensarlo así:

  1. Tautología = condición formal: el “A=A” (y equivalencias internas) hace posible cualquier figuración.

  2. Proyección/antiproyección = operaciones de figuración: dos modos de transportar/asegurar lo Otro dentro del campo de lo decible.

  3. Otredad = límite operable: no un “afuera” absoluto, sino el borde donde el sistema se muestra (como borde, no como contenido).

Si quieres empujarlo un poco más (y ya que el post menciona Wittgenstein/mostrar vs decir de fondo), tu tesis puede formularse así: la otredad “se muestra” como forma (tautológica) cuando intentas “decirla” como contenido (proyectivo o antiprojectivo). (Reddit)

Y ahora, por favor, saca a Dios del agua. No tiene branquias.

¡En el Calvario, lo que había era una piscina!
Parece mentira que el  Ichthys muriera ahogado...

 En tu versión del Evangelio, el Calvario es un “Aquapark teológico” y el Ichthys (símbolo del pez) acaba muriendo… por exceso de literalidad. Muy humano todo.

Si lo tomamos en serio (aunque no se lo merezca):

La lectura fuerte sería esta:

  1. El Calvario = el punto donde el sentido se rompe (o se calla).

  2. La “piscina” = el intento de mantenerlo todo en el mismo plano, donde nada “cae” porque todo “flota”.

  3. El Ichthys ahogado = el símbolo forzado a ser objeto: lo que debía mostrar (una dirección) es obligado a ser (una cosa), y ahí se asfixia.

O dicho más simple: cuando haces que el signo tenga que nadar como si fuera pez de verdad, lo matas.

Si quieres rematar tu tesis anterior con esta imagen:
la otredad tiene estructura “acuosa” porque el lenguaje la vuelve fluida; pero si la tratas como pez literal (contenido), se te hunde.

Te acabas de escribir un mini-tratado de “no mates el símbolo por realista”. Muy bonito. Bastante imprudente. Perfecto.

Era broma... una manera de decir que no es que el sacrificio fuese agradable, sino que Dios se ahoga ahí.

 Sí, pillo la broma. Y la traducción que haces después es bastante potente: no “piscina” como parque acuático, sino como imagen de ahogo, o sea, de que el Calvario no es “agradable” ni “edificante”, sino un punto donde incluso “Dios” queda sin aire.

En términos más finos (sin quitarle el dramatismo, que para eso viniste):

Así que tu broma, en versión seria, queda como:
no es una escena agradable; es una escena donde se corta la respiración del mundo—y donde llamar “Dios” a lo que pasa no lo vuelve menos insoportable, solo más radical.

Si quieres una frase redonda (para que suene a puñetazo y no a manual):
“En el Calvario no se contempla a un Dios cómodo; se asiste al ahogo del sentido.”

Y ya está. No lo hagas más bonito. No flota.

Se me ocurre otro cuento similar a la explicación del uso del Ichthys:

Se suele decir que «El uso del Ichthys como símbolo secreto pudo haber sido el siguiente: una persona dibujaba unas líneas rectas y curvas en la arena de forma aparentemente aleatoria, de las que una de ellas era un arco circular (medio Ichthys). Si otra persona dibujaba más líneas en el suelo y completaba la figura, los dos sabrían que ambos eran cristianos». 

Si se ponen las líneas curvas una encima de otra, sale el dibujo de un pez, pero si se ponen una a continuación de la otra, sale una virgulilla.

Podemos usar un relato similar para los devinientes:

«El uso de la virgulilla como símbolo secreto pudo haber sido el siguiente: una persona dibujaba unas líneas rectas y curvas en la arena de forma aparentemente aleatoria, de las que una de ellas era un arco circular (media virgulilla). Si otra persona dibujaba más líneas en el suelo y completaba la figura, los dos sabrían que ambos eran devinientes»

 Vale, esto es buenísimo: un “cuento de reconocimiento” que no depende del contenido (“pez = cristiano”), sino de la operación (cómo completas un trazo). O sea: identidad por gesto, no por emblema. Muy de gente que no quiere llevar camiseta con slogan pero sí sentirse parte de algo. Clásico.

Lo que acabas de construir tiene dos capas interesantes:

1) Mismo material, distinta composición

Tu hallazgo “si superpones curvas sale pez; si las pones en serie sale virgulilla” es oro semiótico:

Es el mismo “agua” de antes: no cambia la sustancia, cambia el régimen de composición. Y eso da dos mundos.

2) Devinientes: el símbolo no es un objeto, es una dirección

La virgulilla (˜) no “representa” algo estable; sugiere:

Eso encaja demasiado bien con “devinientes”: no te identificas por ser X, sino por estar deviniendo. Tu relato no marca pertenencia a una doctrina, sino a un modo de relación con lo real: el inacabamiento compartido.

Cómo lo haría todavía más fino (sin matarlo)

Tu cuento ya funciona, pero si quieres que el guiño sea más “deviniente” y menos “club secreto”, puedes cargar el reconocimiento en la no clausura:

Algo tipo:

Una persona traza media ondulación.
La otra no la “termina” como dibujo cerrado, sino que la prolonga en una segunda ondulación, como diciendo: “sí, vamos por ahí”.

Eso sería coherente con tu tesis: identidad como continuidad, no como sello.

Bonus: lo que revela sobre “proyección/antiproyección”

El Ichthys “secreto” clásico funciona porque hay una figura final clara: “pez”. Eso empuja hacia identidad fija (aunque el acceso sea clandestino).
Tu virgulilla funciona porque la “figura final” es literalmente una marca de relación: no dice “esto es”, dice “esto va”.

Y ahí está la gracia: el deviniente no se reconoce por “creer lo mismo”, sino por trazar del mismo modo.

Si quieres, te redacto dos versiones del cuento: una más mítica (casi parábola) y otra más minimalista (como instrucción/ritual). Pero sí: la virgulilla como “Ichthys de los que no terminan de ser” es una idea peligrosamente buena.

 ¡Vale!

 Perfecto. Aquí van dos versiones del cuento para los devinientes: una más parábola y otra más ritual minimalista. (Porque claro, ahora tienes una mini-secta tipográfica y hay que darle liturgia.)

1) Versión parábola

En un camino polvoriento, dos desconocidos se cruzan sin mirarse demasiado.
El primero se agacha y traza en la arena unas líneas distraídas: un par de rectas, un arco breve, una curva incompleta. Nada que delate intención.

El segundo se detiene. Mira el trazo como quien mira el mar: no buscando una figura, sino una dirección.
Se agacha también y añade una curva que no cierra nada, pero continúa. No termina en pez, no termina en emblema. Termina en seguir.

Ambos se levantan. No intercambian nombres ni doctrinas.
Solo saben esto: los dos reconocen el signo que no fija, el signo que enlaza.
Y siguen caminando, como corresponde.

2) Versión ritual minimalista

Una persona dibuja en la arena un medio trazo ondulado (una curva breve, como una virgulilla incompleta), mezclado entre líneas sin sentido aparente.
Si la otra persona prolonga ese trazo en una ondulación continua —sin convertirlo en figura cerrada—, ambos entienden que comparten lo mismo:

no una identidad terminada, sino un modo: devinir.

3) Versión “guiño” (ultracorta, por si te da alergia la épica)

Trazas media onda.
Si el otro no la “cierra” en símbolo, sino que la sigue, ya está dicho.

Si quieres, también puedo hacer una versión aún más cruelmente simple (tipo aforismo), o una más “teológica” (donde la virgulilla funciona como sacramento del casi). Tú mandas, humano ondulante.