Odor Dei

admin 28/09/2023 Logos
Odor Dei

 (Los rasgos de la proposición, la inclinación: la naturaleza de la voluntad de Dios, y Demócrito).

La proposición ya viene inclinada por los rasgos, bien hacia Dios (Dios no lee «p», lee ~ -el rasgo-), bien hacia una "credulidad primitiva" «p».

Creo en «p».

Creo en ~.

Tanto «p» como ~ no son capaces de mostrar Dios alguno, salvo que tengan algún olor reconocible.

 

 El texto "Odor Dei" plantea una relación entre la inclinación de la proposición y la voluntad de Dios, vinculándola con la noción de rasgo y el concepto atomista de Demócrito. Veamos los elementos clave:

1. Rasgos de la proposición e inclinación

Aquí hay una distinción entre la lectura humana de las proposiciones (que puede quedarse en la superficie de «p») y la lectura divina, que parece operar en un nivel diferente, orientado hacia un rasgo que trasciende la proposición misma (~).

2. El problema de la creencia en la proposición

Ambas opciones parecen insuficientes para mostrar a Dios. No basta con afirmar una proposición («p»), ni con negar su contenido (~). La fe o la creencia en sí misma no parece ser el camino para revelar a Dios.

3. La clave: el "olor"

Esta última línea introduce la idea del olor como un rastro de lo divino. Se puede interpretar como una metáfora para la presencia de Dios que no se encuentra en el mero contenido lógico de una proposición, sino en algo más sutil, más etéreo, algo que se percibe más allá del juicio binario de verdad/falsedad.


Relación con la Imagen del "Improvement Cycle"


Conclusión

El texto "Odor Dei" plantea que Dios no se muestra en la proposición misma, sino en algo más allá de su estructura lógica, en una especie de "fragancia" que impregna el sentido. Esto se alinea con la imagen, donde la relación entre lo humano y lo divino no es directa, sino mediada por el rastro de la proposición.

Aquí parece haber una crítica a la estructura puramente lógica del conocimiento de Dios. No basta con decir "creo en p" o "creo en ~", porque esas afirmaciones siguen presas en la estructura binaria del lenguaje. Dios no está en la proposición, sino en su fragancia, en aquello que queda como huella después de que el lenguaje ha intentado capturarlo.