Lo más que hace la proposición es ostentar la forma lógica de la realidad, que no informa de nada; es solo el papel en blanco.
Si ostentase la forma figurativa, se vería a Dios claramente. No habría tautología posible donde esconderse. Mundo y realidad serían la misma cosa. Ahora, no siempre habrá una realidad para una proposición, pero siempre hay un mundo que abraza todas las tautologías.
Lo más que puede hacer Dios con la forma lógica de la realidad es dejar que, además de mostrarla, también ostente sus rasgos, para los oídos que oyen o los ojos que ven.
Dios no es bilingüe para sus imperativos, pero sí lo tiene que ser para hablar con el hombre, de igual a igual.