El ojo de la aguja

Explora la intrigante relación entre riqueza y salvación en la visión profética del Nazareno, un análisis que invita a la reflexión profunda.

Ontomotor 24/03/2022 La naturaleza de Dios
El ojo de la aguja

Un imperativo profético, a veces, se cumple solo con fracasos; si no, que se lo pregunten al Nazareno.

Por esto mismo pueden los ricos ser salvos.

El texto distingue entre el éxito histórico y el cumplimiento profético. Un imperativo profético no es una predicción que deba «salir bien», sino una exigencia que debe encarnarse, aunque su realización conduzca a la derrota. El Nazareno no triunfó en términos mundanos: no instauró políticamente el Reino, no eliminó la injusticia y terminó abandonado y ejecutado. Sin embargo, su fracaso visible fue precisamente la forma extrema de su fidelidad.

Desde ahí se entiende la segunda frase: los ricos pueden salvarse porque salvarse no consiste en triunfar moralmente, sino en aceptar el fracaso de aquello que los constituye como ricos. Pueden responder al imperativo profético si están dispuestos a perder seguridad, dominio, prestigio o patrimonio en favor del otro.

No se dice, por tanto, que la riqueza sea inocua. Se dice algo más incisivo: el rico puede salvarse, pero quizá tenga que fracasar como rico. Mientras pretenda conservar intacta su posición y, además, obtener la salvación, busca un éxito doble bastante sospechoso. La salvación comienza cuando acepta que cumplir el imperativo puede costarle aquello mismo que el mundo llama éxito.

La paradoja podría condensarse así:

El Nazareno cumplió porque fracasó; el rico puede salvarse cuando deja de considerar imperdonable su propio fracaso.

El fracaso no salva por sí mismo. Lo que salva es la fidelidad al Acto cuando ya no existe ninguna garantía de victoria.