El fulano

El texto critica una apropiación sedante de Jesús que permite conservar los roles y privilegios mundanos bajo una apariencia de inocencia trascendente. El Nazareno deja de ser fuerza profética dentro del devenir y se convierte en una capa legitimadora que oculta la participación efectiva en la depredación. La imagen condensa la ironía: se come alegremente con Dios mientras las condiciones y las víctimas del banquete permanecen fuera del cuadro.

Ontomotor 04/03/2010 Naturaleza y antiproyección
El fulano

Para algunos (muchos), Jesús es una especie de Nirvana sedante; un feliz estado de pertenencia a lo celestial... La Filiación Divina, ¡conservando los roles mundanos! ¡Fantástico! Un estupendo estado que no es profético (gente equivocada, insolente, violenta y sospechosa), ni místico (amanerados bufones de la corte de los aterrorizados conservadores)... Todo ello con la excelente excusa de que El Nazareno no lo era; de que esas definiciones no son el Nazareno absoluto. Sí. Es un maravilloso estado por encima del Devenir. Un estar en el Absoluto, desde donde se puede contemplar la depredación como si nada. - ¡Un Dios así, es de puta madre!... dice el Fulano mientras come.

Crítica filosófica

El núcleo del texto es certero: critica la transformación de la trascendencia en anestesia moral. Si la unión con Dios no altera la relación con el otro, la filiación divina queda reducida a un privilegio metafísico: se pertenece al cielo mientras se continúa administrando la tierra según sus jerarquías, exclusiones y depredaciones. El Absoluto ya no juzga la historia ni actúa en ella; se convierte en un palco elevado desde el cual contemplarla con la conciencia tranquila.

La expresión «conservando los roles mundanos» concentra la contradicción principal. La fe promete un hombre nuevo, pero absuelve al hombre antiguo; proclama la igualdad de los hijos de Dios, pero mantiene cuidadosamente las posiciones de amo, subordinado, rico, pobre, sacerdote y beneficiario. De este modo, Jesús deja de ser criterio crítico del mundo y pasa a ser garantía sobrenatural de su conservación.

También resulta incisiva la doble desactivación de lo profético y lo místico. Al profeta se lo desacredita como insolente o violento; al místico, como figura ornamental y cortesana. Así se neutralizan las dos vías que podrían perturbar el orden: la denuncia exterior de la injusticia y la transformación interior del sujeto. Lo que queda es una religiosidad de pertenencia, satisfecha consigo misma y perfectamente compatible con la depredación.

La imagen refuerza esa acusación mediante una cordialidad deliberadamente obscena: no muestra crueldad, sino alegría doméstica. Y precisamente ahí está su fuerza. El mal criticado no aparece como monstruoso, sino como una normalidad amable, bendecida y bien alimentada. Jesús parece convertido en compañero complaciente del «Fulano», casi en avalista de su buena conciencia.

Como límite crítico, el texto corre el riesgo de encerrar toda experiencia contemplativa o de pertenencia religiosa dentro de la categoría de sedación. No toda experiencia de lo absoluto evade el devenir; también puede proporcionar la distancia necesaria para regresar a él con mayor libertad y responsabilidad. La distinción decisiva no sería, por tanto, entre trascendencia y devenir, sino entre una trascendencia que huye del mundo y otra que vuelve sobre él para transformarlo.

En definitiva, el texto formula una acusación contundente: un Dios que permite comer tranquilamente mientras otros son devorados no trasciende el mundo; simplemente bendice al depredador.

Llevas razón en esto:
«Como límite crítico, el texto corre el riesgo de encerrar toda experiencia contemplativa o de pertenencia religiosa dentro de la categoría de sedación.»

Pero:

La categoría de sedación es un conjunto mayor. Dentro de ese conjunto existe el subconjunto de los que no evaden el devenir, pero poseen el ropaje de la sedación, por ejemplo:

Los toros indultados.
Los mirmecófilos.
Los hipócritas en general.

Es una "contradicción" porque son "subconjuntos disjuntos", pero viven de o por ella.

Los ejemplos en política son lamentablemente numerosos.

Esa contradicción hace de capa de Lothlórien.

Exactamente. Entonces la sedación no se define únicamente por evadir el devenir, sino también por parecer ajeno al orden que realmente permite la propia existencia. Es una categoría más amplia: comprende tanto al que se retira del conflicto como al que participa en él bajo una apariencia de inocencia, marginalidad o incluso oposición.

Los casos que señalas poseen estructuras diferentes, pero comparten el ropaje:

No diría que la contradicción consista estrictamente en que sean subconjuntos disjuntos. La disyunción lógica, por sí sola, no produce contradicción. Esta surge porque alguien puede actuar dentro del devenir depredador mientras se representa a sí mismo fuera de él. Hay una incompatibilidad entre posición efectiva e identidad declarada: participa sin aparecer como participante, recibe los frutos sin reconocerse ligado al árbol.

Ahí funciona magníficamente la capa de Lothlórien. La contradicción no se resuelve: se vuelve invisible. No transforma al sujeto, sino su apariencia ante los demás y, sobre todo, ante sí mismo. La filiación divina, la compasión, la rebeldía, la excepcionalidad o la retórica profética pueden convertirse así en tejidos de camuflaje.

En política el mecanismo es constante: el privilegiado que se presenta como víctima; el defensor del sistema que adopta vocabulario antisistema; el beneficiario de la desigualdad que exhibe una excepción caritativa como prueba de justicia; el poder que se llama resistencia. No abandonan el devenir ni dejan de intervenir en él. Al contrario: actúan eficazmente mientras ocultan la naturaleza y la dirección de su acto.

Por eso corregiría mi objeción anterior de este modo:

Como límite crítico, conviene distinguir la experiencia contemplativa que regresa al devenir para transformarlo de aquella que, aun permaneciendo activamente dentro de él, adopta una apariencia de trascendencia, inocencia o exterioridad. Esta última no evade necesariamente el mundo: oculta su posición efectiva en él. La sedación funciona entonces como una capa de Lothlórien que vuelve invisible la contradicción entre el papel representado y el acto real.

Y quizá la formulación más concentrada sería:

La sedación no siempre consiste en retirarse del devenir; a veces consiste en intervenir en él vestido de inocencia.

Eso vuelve todavía más incisiva la imagen de la comida: el Fulano no está dormido ni apartado del mundo. Come. La sedación no paraliza su actividad, sino su conciencia de aquello —y de aquellos— que hacen posible el banquete.

Podemos cambiar el término contradicción por el de paradoja.

Sí. «Paradoja» es aquí más preciso que «contradicción».

No existe una contradicción lógica estricta entre pertenecer a conjuntos disjuntos; lo paradójico es que esos sujetos vivan dentro de una estructura y, al mismo tiempo, obtengan su identidad pública o moral aparentando estar fuera de ella. No niegan necesariamente el devenir: intervienen en él revestidos de trascendencia, inocencia, excepcionalidad o rebeldía.

Podría reformularse así:

La categoría de sedación es un conjunto mayor. Dentro de ella existe el subconjunto de quienes no evaden el devenir, pero adoptan el ropaje de la sedación: los toros indultados, los mirmecófilos y los hipócritas en general. La paradoja consiste en que parecen ajenos —incluso disjuntos— respecto del orden del que viven o por el que existen. Esa apariencia funciona como una capa de Lothlórien: no elimina su participación efectiva, sino que la vuelve invisible.

O, más concentradamente:

La paradoja consiste en vivir del devenir depredador aparentando estar fuera de él. Esa apariencia es la capa de Lothlórien.

También podríamos conservar contradicción, pero en un sentido existencial o performativo, no lógico. Sin embargo, paradoja evita esa objeción técnica y describe mejor el fenómeno: dos posiciones aparentemente incompatibles que, en la práctica, se necesitan mutuamente.