Creando el mundo

Explora cómo la configuración de objetos crea la sustancia del mundo, en un diálogo entre lógica, divinidad y la libertad humana que desafía la percepción. El texto relaciona la distinción de Wittgenstein entre los hechos como parte de la «tarea» y los objetos como sustancia del mundo. La proposición no recibe su sentido desde fuera: lo muestra mediante la configuración de sus objetos y, al nombrarlos, participa en la creación del mundo. La libertad consiste precisamente en poder introducir o retirar esa sustancia figurativa, mientras la *adequatio rei et intellectus* se vuelve antiproyección cuando supone que la realidad debe limitarse a obedecer una estructura ya fijada. Los objetos nacen en la autoconciencia —el segundo acto segundo— y solo deberían quedar orientados por el Imperativo Profético, no por una ley cerrada que determine previamente el resultado. De ahí la aparente paradoja: la libertad no consiste en que el mundo obedezca nuestra voluntad, sino en que permanezca abierto al Devenir de Dios, del Hombre y del Logos Superior. La «trascendencia desde dentro» de Peirce expresa justamente esa realidad que, aun formándose interiormente, conserva independencia y Misterio.

Ontomotor 12/08/2006 La naturaleza del hombre
Creando el mundo

Comparemos Witt. TLF 6.432 (los hechos pertenecen todos a la tarea, no a la solución ---- tarea/acto segundo aristotélico / operación) con Witt. TLF 2.0231... (los objetos forman la sustancia del mundo... contienen al mundo... la lógica contiene al mundo y es incolora... el mundo se forma por configuraciones de objetos, etc.

Si Dios habla al hombre con palabras de hombre y al modo humano, la proposición debe mostrar su sentido en la proposición misma (la tarea sería: de lo que no se puede hablar, hay que callar, como dice Witt 7). La proposición debe mostrar su sentido por la configuración misma de los objetos. El mundo se crea por configuración de objetos. Podemos agregar o quitar sustancia al mundo, creando objetos, simplemente con nombrarlos (la «adecuatio rey et intellectus» es la antiproyección). Los estados de cosas ya vendrán contenidos en esos objetos, por la forma lógico-casual del mundo. Por eso es Dios un Dios lógico. La libertad de definir objetos-sustancia del mundo es la causa y el efecto de la libertad.

Los objetos se crean en el segundo acto segundo (2ºº, que está en el 2º). No deberían seguir una ley, ni la forma de una ley que no fuese un Imperativo Profético, porque así no habría Devenir alguno (de Dios, y por supuesto del Logos Superior). El hombre no tendría libertad (el mundo respondería a mi voluntad, igual a la de Dios, bajo la proposición del Logos Superior)... ¿A que parecía que era al contrario?
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Peirce, habla de  «... Algo así como una trascendencia desde dentro, referida la realidad como trascendente (o algo independiente de nosotros)».
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