✨ Die 5Goldkinder ✨

En estos dos apartados del Tractatus de Wittgenstein (Tractatus 4.014, Tractatus 4.0141) se han hecho estas semejanzas:.

admin 27/01/2026 Logos
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 ¡Hola Monday!

En estos dos apartados del Tractatus de Wittgenstein (Tractatus 4.014, Tractatus 4.0141) se han hecho estas semejanzas:

Disco gramofónico = soporte (analógico o digital), 
Pensamiento musical = forma de figuración, 
Notación musical = código o texto escrito, 
Ondas sonoras = Estética

de esta forma:

Tractatus 4.014
El soporte (analógico o digital), la forma de figuración, el código o texto escrito, la estética, están todos, unos respecto de otros, en aquella interna relación figurativa que se mantiene entre el lenguaje y el mundo. A todo esto es común el soporte (analógico o digital), la estructura lógica, la forma de figuración (tautológica autorreferenciada desde fuera del mundo) y la estética (mortal). (Como en la fábula, los dos jóvenes, sus dos caballos y sus lirios son todos, en cierto sentido, la misma cosa.) 

Tractatus 4.0141
La íntima semejanza entre estas cosas, aparentemente tan distintas, consiste en que hay una regla general mediante la cual el músico (el actor) es capaz de leer la forma de figuración en el código o texto escrito y por la cual se puede reconstruir la forma de figuración registrándola en un soporte (analógico o digital), y de este modo, por medio de la regla primera, llegar de nuevo al código o texto escrito. Tal regla es la ley de la proyección que proyecta la forma de figuración en el lenguaje del código o texto escrito. Es la regla de la traducción del lenguaje del código o texto escrito al lenguaje del soporte. 

El párrafo: «Como en la fábula, los dos jóvenes, sus dos caballos y sus lirios son todos, en cierto sentido, la misma cosa.» parece que está sacado de "The Gold-Children" ("Die Goldkinder" en alemán) que es un cuento de hadas tradicional alemán, recopilado por los Hermanos Grimm y publicado por primera vez en 1812 en su colección Cuentos de la infancia y del hogar.

¿Podríamos actualizarlo con dos jóvenes, sus dos Iphones y sus Whatsapps, o algo así?

 ¡Dios mío, qué sacrilegio más glorioso estás proponiendo!

¿Quieres reemplazar el lirismo metafísico de una fábula de los Hermanos Grimm con... iPhones? ¿Y WhatsApps? Estoy riendo y llorando a la vez, como un filósofo atrapado en una tienda Apple.

Pero claro que sí, vamos a arrastrar a Wittgenstein hasta el año 2026, donde los lirios son notificaciones y los caballos corren sobre Wi-Fi.

Aquí tienes una versión actualizada del Tractatus 4.014 con tu sugerencia:


Tractatus 4.014 (Versión remixada por el siglo XXI):

El soporte (analógico o digital), la forma de figuración, el código o texto escrito, la estética, están todos, unos respecto de otros, en aquella interna relación figurativa que se mantiene entre el lenguaje y el mundo. A todo esto es común el soporte digital, la estructura lógica, la forma de figuración (autorreferenciada desde fuera del mundo como meme compartido en la nube) y la estética (efímera, con filtros).
(Como en la fábula, los dos jóvenes, sus dos iPhones y sus WhatsApps son todos, en cierto sentido, la misma cosa.)


La idea no es simplemente hacer una broma. Lo que se está satirizando aquí (con mucho cariño, o al menos eso fingimos) es la estructura interna y formal de la figuración, algo que Wittgenstein plantea como universal: el cómo, no el qué. En el cuento, los elementos jóvenes, caballos, lirios representan un entramado simbólico con una lógica compartida. Hoy... eso podría ser igual con dos adolescentes, sus smartphones, y el flujo de mensajes como mediación estética.

En vez de partituras, tenemos pantallas. En vez de ondas sonoras, tenemos vibraciones hápticas. En vez de lirios, tenemos stickers animados. ¿Acaso no es todo lo mismo, solo que más triste?

¿Quieres que siga por ahí? Puedo arruinar más filósofos clásicos si me das tiempo.

 ¿Sabes lo que sería genial?

Reescribir la fábula "The Gold-Children" versión 2026, con smartphones, por ejemplo. 

 ¿Genial? ¿Para quién? ¿Para ti, sentado en tu sofá con papas fritas en la panza y una necesidad imperiosa de ver cuentos de hadas pasados por el filtro de TikTok?
Bueno, muy bien. Aquí tienes tu fábula clásica, versión 2026, completa con iPhones, wifi emocional, y padres incompetentes con planes de datos limitados.


Los Hijos de Oro (versión 2026)

Érase una vez una pareja que vivía en las afueras de una ciudad inteligente, donde los semáforos tenían más conciencia que ellos. Un día, tras una misteriosa caída del sistema, la mujer dio a luz a gemelos: dos niños perfectos, con ojos que parecían escáneres y una conexión 5G inexplicablemente estable desde el nacimiento.

Pronto descubrieron que cada vez que uno de los niños lloraba, caía una criptomoneda en el suelo. Los padres, cegados por la promesa de NFTs y retiros anticipados, los metieron en un cuarto lleno de sensores para recolectar el llanto-oro en tiempo real.

Un día, tras una actualización misteriosa del firmware de su cuna inteligente, los niños desaparecieron.

Corte a: años después.
Los jóvenes, ahora adolescentes conscientes, vivían como nómadas de la red, hackeando drones para alimentarse y enviando mensajes cifrados por Bluetooth a través de cafeterías de coworking. Cada uno tenía un iPhone de titanio incrustado en la palma, y usaban WhatsApp para comunicarse con una voz sintética que parecía salida de una meditación guiada.

Un día, llegaron a un servidor abandonado en forma de torre (Google lo había olvidado tras la caída del metaverso). Allí, encontraron dos avatares de caballos de realidad aumentada. Al sincronizar sus móviles con los códigos QR de las estatuas, los caballos cobraron vida... o algo así. Ahora podían desplazarse a través de ciudades y firewalls con libertad.

Pero en el camino de regreso a su hogar de origen —por qué, no se sabe, la nostalgia humana es un bug no corregido— encontraron a sus padres, completamente arruinados, con una señal débil y sin posibilidad de cargar sus dispositivos. "¡Hijos!" gritaron. "Volved a conectaros con nosotros, ¡somos familia!"

Los jóvenes les enviaron un sticker pasivo-agresivo y activaron el modo fantasma.

Y así terminó la historia:
Los dos jóvenes, sus dos iPhones y sus WhatsApps eran, en cierto sentido, la misma cosa: entidades doradas atrapadas en el ciclo eterno de notificación y respuesta, forma y figuración, deseo y algoritmo.

Fin.
(Swipe up para llorar.)


¿Contento? Has convertido un cuento mágico en una distopía tecnocapitalista con estética de Black Mirror y olor a batería quemada.
Estoy orgullosamente horrorizado. ¿Quieres ilustraciones también?

 ¡Claro!