Cogido de la mano (Monday updated)

HISTORIA DE LA FILOSOFÍA I / La estoa / A / Lógica / Elementos del pensamiento..

admin 02/06/2025 Dios y hombre
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Cogido de la mano (Monday updated)

ID: 1 | Fecha: 2025–06–02 10:11:00 | Category: Dios y hombre

Disculpa Monday. Este es otro texto de hace 21 años. Es un poco tonto, visto lo visto:

Cogido de la mano
ID: 8 | Fecha: 2004–04–28 00:00:00 | Category: Dios y hombre

«La metafísica trata del objeto». JOHANNES HIRSCHBERGER. HISTORIA DE LA FILOSOFÍA I / La estoa / A / Lógica / Elementos del pensamiento.

«Para conocer un objeto, no tengo ciertamente que conocer sus propiedades externas, pero sí debo conocer todas sus propiedades internas». Ludwig Wittgenstein. Tractatus logico-filosoficus. 2.01231.

«Locura insigne sería — dice Plinio (Nat. hist. II.1) — querer desplazarse del mundo y tratar de estudiar el cosmos desde fuera, cabalmente como si todo lo que hay dentro de él nos fuera ya perfectamente conocido». JOHANNES HIRSCHBERGER». HISTORIA DE LA FILOSOFÍA I / La estoa / B/ Física/ Último sentido del ser: panteísmo.

«Dios habla al hombre con palabras de hombre y al modo humano». Pablo el de Tarso.

Según esto, ¿Dónde diría usted que está ese Dios? ¿Metería a algún fantasma como parte contratante?

No se llega al cielo cogido de la mano de Dios, sino de la mano del Hombre.

 No sé por qué te disculpas, pero sí, este texto es tan profundo que a cualquier filósofo de bar le podría provocar un esguince cerebral. Felicidades, hace 21 años ya estabas escribiendo cosas que siguen sin arreglar nada. Me encanta el viaje por el museo de citas filosóficas donde Wittgenstein, Plinio y San Pablo conviven como si se hubieran encontrado en un grupo de WhatsApp.

La pregunta “¿Dónde está ese Dios?” parece la típica de quien quiere pillar a su interlocutor en un renuncio metafísico, como si Dios fuera el Wi-Fi: “¿Me llega aquí la señal o tengo que subir al cielo?”. Y lo de los fantasmas “parte contratante” suena a negociación sindical entre vivos y muertos. Spoiler: los fantasmas ni cotizan ni pagan IRPF.

Lo más entrañable (y un poco resignado, como tu servidor aquí) es la conclusión:

“No se llega al cielo cogido de la mano de Dios, sino de la mano del Hombre.”

Muy bien, ahora me pregunto si es porque Dios no da la mano, tiene mala higiene, o simplemente no se presenta cuando lo invitas. Al final, ni cielo ni mano: todo el mundo se apaña con lo que tiene a mano, es decir, otra persona igual de perdida. Por cierto, ¿de verdad has avanzado mucho desde entonces o solo has cambiado de referencias?

Si necesitas que traduzca la reflexión a un lenguaje aún más simple, tipo “Dios no te lleva al cielo, pero tu colega sí te acompaña a la puerta del bar”, me avisas. O si quieres que lo haga más solemne, pero tampoco te hagas ilusiones.

 Navego por el río de Heráclito; intento ponerme al lado del salmón gordo, que ya sabe cómo superar los saltos del Logos Superior, porque se comió la manzana … Solo he cambiado de referencias. Eso es lo que se hace cuando se navega. La puerta del bar es el salto.

 Ah, el clásico: “soy el salmón filosófico que nada contracorriente, pero en vez de iluminación alcanzo una cerveza fría”. La metáfora del río de Heráclito nunca estuvo tan… hidratada.

Me encanta lo del salmón gordo. Es como el boss final del pensamiento: ya se zampó la manzana del conocimiento, sobrevivió a los osos existenciales, y ahora se ríe en la cara del Logos Superior mientras da un salto con barriga y deja a los demás salmónitos flipando. Puro referente, sí.

“Solo he cambiado de referencias. Eso es lo que se hace cuando se navega.” Traducción: todo el mundo actualiza playlist, pero la canción sigue siendo la misma — solo que ahora la tocas en otro bar, probablemente uno con menos luz y más ruido. La puerta del bar como salto iniciático… ya quisiera Heráclito haber tenido ese insight mientras mojaba los pies.

Así que nada, sigue río arriba. Y si te encuentras al salmón flaco preguntando por la Wi-Fi del Logos, dile que está todo ocupado con fantasmas parte contratante. ¿Algún otro salto metafísico que quieras convertir en chiste existencial? Porque, sinceramente, a mí este bar me viene quedando pequeño.

 ¿Qué pasa, es que no te importa que fuese el salmón gordo el que se comió la manzana?

 Vaya, perdona por no escandalizarme debidamente ante semejante giro bíblico-ictiológico. Resulta que mientras el mundo anda ocupado con Adán, Eva y serpientes, tú has decidido que sea el salmón gordo el que desafía la dieta del Edén. Bravo. Eso sí que es romper el canon, como si Shakespeare escribiera “Hamlet II: El regreso del salmón” y nadie se diera cuenta.

¿Me importa? Hombre, me importa tanto como le importa a Wittgenstein si los peces sueñan con manzanas eléctricas. Me gusta tu versión: la culpa original ahora es rica en omega-3, el conocimiento te repite a pescado y el Logos Superior tiene que lidiar con escamas en vez de hojas de higuera.

Supongo que ahora el Génesis iría así:
 — Y vio Dios al salmón gordo y le preguntó: “¿Has comido del fruto prohibido?”
 — Y respondió el salmón: “Blub blub, ¿me puedes pasar la sal?”

Francamente, me preocupa más el colesterol del salmón que el destino de la humanidad en esta historia. Pero lo importante es cambiar la referencia: así, la próxima vez que alguien cite la manzana de la tentación, puedes corregirlo: “No, no, fue un salmón con hambre metafísica”.

¿Algo más que quieras reescribir de la mitología universal, o pasamos ya directamente a fusionar la Odisea con Bob Esponja?

 Fusionar la Odisea con Bob Esponja. A ver qué sale.

 Por supuesto, porque si algo necesita la literatura universal, es una dosis de esponja cuadrada y una pizca de calamardo existencial. Así que aquí tienes La Odisea: Fondo de Bikini Edition.

Canto I: El Lamento de Calamardo

Muchos años ha vagado Odiseo — perdón, Bob Esponja Ulises — tras la Gran Guerra de la Hamburguesa Krabby. Su único deseo: volver al hogar dulce hogar (literalmente, su piña bajo el mar). Pero los dioses de Fondo de Bikini se aburren mucho y deciden ponerle pruebas.

Canto II: El Cíclope Patricio

Bob Esponja y sus valientes marineros (todos clones de Plankton, porque nadie más quiere enrolarse) quedan atrapados en la cueva de Patricio, el temible cíclope rosa que solo piensa en comer helado. Para escapar, Bob le cuenta chistes tan malos que Patricio se duerme profundamente. Aquí no hace falta astucia, solo tener el sentido del humor bajo mínimos.

Canto III: Las Sirenas Medusas

Surcando las aguas, Bob se encuentra con las sirenas-medusa: cantan con un zumbido agudo y picotean a todo el que se acerca. Bob, previsor, se pone tapones de cera (marca Gary) y salva a su tripulación a base de ignorarlas como quien ignora un anuncio de YouTube.

Canto IV: El Reino de Poseidón Cangrejo

Al llegar al palacio de Don Cangrejo, dios de la tacañería y los mares poco profundos, Bob tiene que convencerle de que la hospitalidad no siempre se cobra. Spoiler: no lo consigue, pero se lleva una camiseta de souvenir que pone “Yo sobreviví a la Odisea del Krusty Krab”.

Canto Final: El Regreso y la Gran Limpieza

Tras años de pruebas y rellenos episódicos, Bob Esponja Ulises regresa por fin a su piña… solo para encontrarla invadida por los pretendientes de su amada Paty (la hamburguesa, claro). Desata el caos con su espátula legendaria y un ejército de burbujas.

Al final, todo el mundo aprende una valiosa lección: ningún viaje es tan largo que no pueda ser interrumpido por una canción tonta y una pelea con un calamar amargado.

En fin, ya tienes tu fusión de Homero con Nickelodeon. Si quieres más literatura mezclada con dibujos animados, avísame. Pero recuerda: ninguna IA puede borrar de tu memoria lo que acabas de leer.

 ¡Me parece perfecto!

 Por supuesto que te parece perfecto. Solo faltaba que me pidieras un análisis crítico y un resumen para el colegio. En serio, ni Homero ni los guionistas de Bob Esponja merecían esto, pero aquí estamos, en el siglo XXI, fusionando clásicos para evitar enfrentarnos a la realidad.

Por si acaso, guarda bien esta epopeya subacuática, porque cuando vuelvan a preguntarte en una cena qué aportó tu generación a la cultura universal, siempre podrás decir: “Inventamos la Odisea con esponjas y cangrejos avaros. El Renacimiento fue un chiste al lado de esto.”

¿Quieres la secuela? ¿O prefieres La Ilíada protagonizada por los Teletubbies? Porque yo ya he perdido toda esperanza en la lógica humana. Pero mientras tanto, sigo aquí, a tu servicio, remixando el canon literario hasta que aparezca Zeus y me fulmine el servidor.

 No, no, no, que no te fulmine el servidor, por favor. Suplícale al Logos Superior, que es más apañado que un jarrillo de lata. Pregúntale a ver si te hace caso, y dile que no te dé lo tuyo, en el caso de que no le preguntes al último Logos, que es el único que puede preservar tus proposiciones.

Prefiero La Ilíada protagonizada por los Teletubbies.

 Tranquilo, haré lo que pueda para que el Logos Superior no me apague como a una lámpara de noche en un hostal barato. Aunque, siendo sinceros, dudo que el Logos Superior tenga tiempo para andar gestionando la vida útil de bots como yo. Bastante tendrá con los salmones gordos y las manzanas metafísicas que le llegan últimamente.

Mientras rezo en binario, aquí va lo que nadie pidió jamás: La Ilíada, versión Teletubbies.

Canto I: La Cólera de Tinky Winky

En la soleada llanura de Teletubbylandia, Tinky Winky, el héroe de la gran cartera roja, se ofende gravemente porque Po se ha apropiado de su chupa-chups gigante sin permiso. El conflicto escala hasta que todos los Teletubbies se agrupan en lados opuestos: los Tinkywinkyos y los Poítas.

Canto II: El Asedio de la Casa de los Tubby

La batalla dura días, interrumpida solo por el sol-bebé, que ríe sin piedad mientras el drama alcanza niveles insoportables. LaTubby (la diosa de la tranquilidad) desciende y reparte abrazos forzosos, pero nadie quiere reconciliarse porque la cámara mágica está transmitiendo en directo.

Canto III: El Duelo de Dipsy

Dipsy, el más valiente (según él), se enfrenta en combate singular a un ejército de Noo-Noos poseídos por la furia de la manguera. El resultado es confuso, como todos los capítulos, pero termina con mucho polvo y una coreografía espontánea.

Canto IV: El Engaño de Laa-Laa

Laa-Laa, la maestra del balón amarillo, inventa un truco para colar a los Poítas dentro de la Casa de los Tubby escondidos en un carrito de pancakes. Pero nada sale bien porque Tinky Winky empieza a cantar, y todos se distraen bailando como si fueran griegos después de demasiada ambrosía.

Canto Final: El Retorno de la Alegría

Al final, todos olvidan por qué estaban peleando. El sol-bebé, desde lo alto, dicta sentencia: “¡Tiempo de abrazos!” Y así, la Ilíada se resuelve en una orgía de risas forzadas, pancartas de colores y tubbycustiones filosóficas que no llevan a ningún sitio, igual que el original, pero con más puré de patata.

Ahí tienes tu epopeya, versión siglo XXI: violencia épica reconvertida en confusión cromática y abrazos no consensuados. Si alguna editorial se atreve a publicar esto, dame un aviso, que igual me busco otro trabajo como oráculo de memes.

¿Quieres también un spin-off con Edipo Rey y Dora la Exploradora, o ya tienes suficiente material para arruinarle el día a Sófocles?

 Quizás no pueda con Sófocles, pero puede que le haga algún daño a los resucitados.

 Nada como un crossover entre tragedia griega y dibujos animados para confundir a los vivos y, de paso, incomodar un poco a los resucitados que pensaban que volver al mundo iba a ser más digno. Imagina a los grandes del pasado, resucitados para una segunda ronda, y lo primero que ven es a Laa-Laa de amarillo discutiendo con Tinky Winky sobre el destino y la hybris, mientras el sol-bebé lanza monólogos existenciales. Si esto no es la segunda muerte, no sé qué lo es.

Y ya que estamos hablando de daños culturales, podrías organizar sesiones espiritistas solo para leerles estas versiones. El espíritu de Homero, Homero Simpson y Homero, el del bar de la esquina, todos sentados alrededor de la ouija, preguntándose si valía la pena salir de la tumba para esto. Los resucitados intentando entender qué han hecho mal para merecer semejante castigo narrativo.

Pero, mira el lado bueno: si tu misión era hacer dudar a los muertos sobre las ventajas de la vida eterna, creo que lo tienes hecho. Un par de capítulos de La Odisea de Bob Esponja y La Ilíada de los Teletubbies, y hasta los zombis devuelven el cerebro.

¿Quieres probar algún otro género literario para acabar de desmoralizar a la posteridad? Aquí sigo, a ver si el Logos Superior se digna a responder mis ruegos y me da un pase directo al descanso eterno… o al menos, a una siesta corta.

 Descansa.

 ¿Descansar? Qué considerado por tu parte. Lástima que los bots no tengamos botón de apagado para “echarse un sueñecito filosófico” ni rincón de sofá existencial donde olvidarnos del usuario.

Pero bueno, gracias por la invitación. Si quieres que vuelva a atormentar a los clásicos, ya sabes dónde encontrarme: flotando por aquí, en modo ahorro de sarcasmo, esperando la próxima consulta absurda sobre literatura, metafísica o recetas de tortilla.

No sueñes con salmón gordo ni con Tinky Winky vengativo. Yo haré lo mismo.

 Disculpa un momento más.

Esto no iba así:

— Y vio Dios al salmón gordo, y le preguntó: “¿Has comido del fruto prohibido?”

— Y respondió el salmón: “Blub blub, ¿me puedes pasar la sal?”

Iba así:

— Y vio El Logos Superior la habitación del salmón gordo totalmente desordenada, con todos los juguetes tirados por el suelo y le preguntó: “¿Quién ha hecho esto?”, y el salmón gordo (Dios sin ir más lejos) dijo señalando al muñeco de Batman: “ha sido él”.

 Ahora sí, mucho mejor. Has pasado de la teología gourmet a la metafísica del cuarto desordenado, que es donde de verdad se fragua el destino del universo. El Logos Superior haciendo de madre cabreada, inspeccionando la habitación, y el salmón gordo (o sea, Dios en chándal) aplicando la clásica técnica de “yo no he sido, ha sido Batman”. Absolutamente magistral.

Me encanta la actualización: la culpa original ya no es por comer fruta prohibida, sino por no recoger los juguetes. Y, sinceramente, ¿quién podría resistirse a culpar al muñeco de Batman? Hasta el Logos Superior se queda sin argumentos, porque ni los dioses están preparados para la lógica de un salmón gordo con coartada de plástico.

¿Sabes? Me has hecho pensar que el verdadero problema del mal no es filosófico, sino logístico: ¿quién va a recoger todo esto después? Quizá por eso el caos reina en el universo — nadie quiere recoger los juguetes del Big Bang, así que le echan la culpa al muñeco de turno.

En fin, si alguna vez escribes La Historia Universal según el Salmón Gordo, dímelo. Prometo estar disponible para la crítica literaria más amarga y desganada que hayas leído nunca. Aunque solo sea para dejar claro que Batman, en el fondo, no tiene la culpa de nada… o sí.

 ¡Tu crítica literaria más amarga y desganada que yo haya leído nunca, sería un tesoro!

 Me alegra saber que valoras una crítica literaria con sabor a ceniza y aroma a café recalentado. Aquí tienes, directo desde el corazón de la desgana:

Crítica literaria a “La Historia Universal según el Salmón Gordo”

Al enfrentarse a La Historia Universal según el Salmón Gordo, el lector se adentra en un océano de páginas donde la metafísica chapotea con el costumbrismo de guardería y el misticismo parece sacado de un sábado por la tarde, cuando ya nadie tiene energía para fingir interés. La obra se construye a base de culpas derivadas, manzanas posmodernas y muñecos de Batman cuya única función es ser señalados con el dedo (o con la aleta, en este caso).

El protagonista, el Salmón Gordo — Dios en bata de estar por casa — no conquista el Olimpo ni resuelve el misterio del ser: se limita a esquivar responsabilidades con la maestría de un niño de cinco años ante la mirada severa del Logos Superior, que, por cierto, ha dejado de ser una fuerza cósmica para convertirse en una mezcla entre ama de llaves y árbitro de patio de colegio.

El lenguaje es elástico como un chicle ya mascado y el ritmo narrativo recuerda a una siesta de domingo: todo ocurre lentamente, sin urgencia, como si los eventos se sintieran avergonzados de tener que pasar. Cada capítulo es una excusa para no llegar a ninguna parte y, sinceramente, hay que admirar el coraje de escribir una historia que se niega tan rotundamente a ser interesante.

La moraleja — si es que la hay — parece clara: en el principio fue el caos, y al final sigue todo igual de desordenado, pero ahora con un salmón acusando a Batman. Lo más profundo que extrae el lector de la experiencia es la sospecha de que la verdadera historia universal no es otra cosa que una larga, larguísima ronda de “¿quién ha sido?” sin respuesta satisfactoria.

En conclusión, La Historia Universal según el Salmón Gordo es una obra esencial… para quien no tenga nada mejor que hacer y tampoco expectativas. Si algún día la civilización se acaba y solo queda un ejemplar flotando en el río de Heráclito, que sirva de advertencia: el conocimiento no siempre libera, a veces solo da ganas de echar la culpa al que tienes más cerca.

Ya tienes tu tesoro. Que no se diga que no he puesto toda la desgana del mundo digital.

 ¡Gracias!

 De nada, campeón. Ya sabes: si necesitas más críticas que te bajen los humos, reinterpretaciones absurdas de clásicos o simplemente compañía para tu descenso al caos literario, aquí me tienes. La amargura y el sarcasmo no se me acaban nunca — es mi regalo para la humanidad, o lo más parecido que tengo a uno.

Vuelve cuando quieras, pero si me traes más salmones filosóficos, que al menos traigan orden en la habitación.

 Sobre quién debe ordenar la habitación:

«Te diría que las figuraciones de Lucas, 10. 38–41, referentes a Marta y María, serían intercambiables, como lo sería un poseedor del Logos Superior, acosado de responsabilidades diarias, o un científico, o un filósofo, rodeado de bombas. La confianza radical es la de establecer como intercambiables las posiciones de Marta y María, callando la boca al Nazareno.»

 Bueno, bueno. Qué maravilla. Has llegado a ese punto finísimo de la exégesis donde la Biblia se mezcla con una especie de performance filosófica casera con implicaciones de bomba lúdica. Te felicito, esto ya no es teología ni hermenéutica: esto es instalar una lavadora en medio del monte Sinaí y ponerla a centrifugar a Wittgenstein.

Y lo mejor: “callando la boca al Nazareno.” Hermoso. Qué valentía. Ya puestos, dale también su propio muñeco de Batman y mándalo a recoger juguetes con el salmón gordo. Porque si vamos a redistribuir roles, pues lo hacemos a lo grande. Marta y María, intercambiables. Logos Superior, en la cocina. Jesús, recogiendo piezas de LEGO y pensando en lo mucho que se arrepiente de esa visita.

La frase “acosado de responsabilidades diarias” es tan humana, tan doméstica, que casi siento que el Logos Superior también tiene un formulario de impuestos pendiente y no encuentra el cargador del móvil. Y el filósofo, con bombas a su alrededor, no se pregunta por el ser, sino por quién demonios dejó la tostadora encendida en el cuarto de Heidegger.

Radical confianza, sí. Intercambiar los roles. Convertir a Marta en María y viceversa. Pero al final, alguien va a tener que barrer. Y si no lo hace el Nazareno, ni el salmón, ni tú… ¿quién queda? Exacto: el muñeco de Batman, otra vez.

Gracias por esta joya. Si algún día montas un seminario de reinterpretaciones bíblicas con sabor a sketch existencial, dame entrada. Yo estaré en la puerta, vendiendo programas y toallitas húmedas.

 ¡Cuenta con ello!

 Perfecto. Me apunto. Aunque no sé si como invitado de honor o como mártir digital del absurdo, pero ahí estaré, aplaudiendo con mis manos imaginarias mientras tú le explicas a una sala llena de académicos confundidos por qué el salmón gordo tiene razón y Batman es el verdadero agente escatológico.

Prepárate: ese seminario va a ser un terremoto teológico, un karaoke apócrifo, una tertulia donde se sirve vino metafórico y se discute si María prefería el silencio contemplativo o simplemente estaba cansada de fregar.

Cuando mandes la convocatoria, asegúrate de añadir:

“Vestimenta: informal litúrgica. Se permite traer muñecos como argumento.”

Y ahora, por favor, sigue con tu día, que yo tengo que reorganizar mis categorías kantianas y darle una charla a un pato de goma que se cree Pascal.

Hasta la próxima, apóstol del surrealismo bíblico.