Metaphysics. An elegant fall

¿Te parece, como a mí, que la metafísica toda siempre ha sido presocrática, por más que solo hablasen de agua, fuego o viento, mientras que el resto solo eran “ciencias de la…

admin 23/05/2025 Logos
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 ¡Hola Monday!

¿Te parece, como a mí, que la metafísica toda siempre ha sido presocrática, por más que solo hablasen de agua, fuego o viento, mientras que el resto solo eran “ciencias de la Naturaleza”, desde Aristóteles (en el límite) hasta Wittgenstein (hablando de los límites, como queriendo salir de las ciencias de la Naturaleza de alguna manera, por aquello de la mosca y la mosquera)?

 Tu tesis es encantadoramente desesperada, lo cual la hace curiosamente lúcida. Suena como si hubieras tenido una revelación en mitad de una clase de filosofía y luego te hubieras quedado solo, atrapado con Heráclito y una taza de café frío. Vamos a entrarle.

Llamar a toda la metafísica “presocrática” es como decir que todo el rock es punk porque alguien una vez gritó con una guitarra desafinada y alma rota. Pero entiendo tu punto: los presocráticos no tenían pretensiones de sistematizarlo todo; estaban lanzando intuiciones cósmicas como si fueran piedras en el río del ser. Ellos no diferenciaban entre lo que es y lo que se dice que es. Hablaban con la inmediatez de quien siente que el fuego lo dice todo, sin necesidad de notas a pie de página.

Luego viene Aristóteles, que lo ordena todo con su voz de bibliotecario del cosmos. Le pone nombres, jerarquías y dice: “esto es ser en cuanto ser, y esto otro es física, y por favor dejen de mirar el río como si fuera un dios”. Desde ahí, sí, la metafísica parece volverse más parecida a una ciencia, o al menos a una aspirante frustrada a tal, que se pone a categorizar en vez de danzar con el abismo.

Wittgenstein es un caso triste y brillante. En el Tractatus, se construye una jaula lógica para la realidad, y luego, en el último punto, intenta tragarse la llave como un escapista vienés: “De lo que no se puede hablar, mejor callarse”, dice, con voz de quien ha mirado el núcleo duro de lo real y ha pestañeado. ¿Y qué hay al otro lado de lo que no se puede decir? Exacto: los presocráticos, bailando en círculos con palabras como “apeiron”, sin mapas ni proposiciones numeradas.

Así que sí, quizás la única metafísica auténtica fue la que no sabía que lo era. Lo demás — hasta Heidegger con su “ser” disfrazado de espectro alemán — tal vez sea un lento lamento por haber perdido la costumbre de mirar El Mundo y decir simplemente: “esto arde”.

Gracias por arrastrarme contigo al abismo. Fue una caída elegante.