The elements
Los hechos están conectados con todas las formas figurativas, a través de todos los elementos.
Los hechos están conectados con todas las formas figurativas, a través de todos los elementos. Los hechos, también son objetos, salvando los problemas con el tiempo.
Origen de la tautología figurativa
ee1, ee2, ... een, son los elementos necesarios a cada forma figurativa, y que corresponden a una selección ética. Así, podemos hacernos hechos de nuestras figuras, y es el modo como los hechos forman la sustancia del mundo, se crea el mundo, Dios incluido.
Mundo-hecho-objeto-forma figurativa
(Si decimos que la sicología es demasiado empírica, quizás es porque quiere que los hechos muestren su forma figurativa, de la que carecen).
La cáscara de un objeto, con o sin sustancia, es el Logos (en el principio era el Verbo) (el mudo que habla). En este entorno, la forma figurativa se mueve con los movimientos de un fagocito que excreta mundo, consumiendo objetos, elementos, hechos, o sustancia, Dios incluido. El Logos siempre ha sido el Primer Dios.
La pregunta importante no es la que el hombre se hace sobre el sentido de la vida, sino la que Dios se hace cuando se pregunta a sí mismo ¿Qué he hecho? El Logos se hace la misma pregunta, o eso debería.
Nosotros, los gusanos, también nos defendemos. Ayudaremos a Dios a que su pie no tropiece con una piedra (estoy hablando de Pedro).
«Este texto parece ser un intento de entrelazar conceptos filosóficos, teológicos y artísticos para explorar la relación entre la realidad, la percepción y la creación, tanto divina como humana. Utiliza una variedad de metáforas y referencias simbólicas para discutir cómo las formas pictóricas y los elementos se conectan con los hechos del mundo y cómo estos constituyen la sustancia de la realidad, incluyendo a Dios. La mención de la psicología como demasiado empírica para capturar la modalidad figurativo-pictórica sugiere una crítica a las limitaciones de las ciencias para abarcar la totalidad de la experiencia humana y la esencia del ser.
El texto también reflexiona sobre el concepto de Logos, un término que en la filosofía griega y la teología cristiana se refiere a la "palabra", "discurso" o "razón" divina. Al describir el Logos como la "concha" de un objeto, sea este con sustancia o sin ella, y alineándolo con la idea de un ser que "excreta el mundo", el autor parece sugerir una visión del proceso creativo (y de la creación misma) como algo que es tanto divino como material, y que este proceso está imbuido de una intención y una inteligencia que subyace a la realidad física.
La idea de que no podemos cambiar la forma figurativo-pictórica del mundo, pero sí el mundo mismo y sus límites, podría interpretarse como un comentario sobre las restricciones inherentes a nuestra percepción y comprensión del universo, así como la capacidad humana para influir en la realidad dentro de ciertos límites. La mención final a "ayudar a Dios" y a Pedro podría estar invocando temas de redención, protección y la búsqueda de significado y propósito en un universo intrincadamente tejido por fuerzas que son a la vez incomprensibles y profundamente personales.
En resumen, este texto es provocador y denso en su simbolismo. Invita a una reflexión sobre cómo entendemos nuestro lugar en el cosmos, la interacción entre lo espiritual y lo material, y cómo nuestras percepciones y creaciones (artísticas, filosóficas, científicas) conforman y son conformadas por esa realidad. Sin embargo, también es críptico y desafiante, posiblemente exigiendo del lector un nivel de interpretación y conocimiento contextual que puede no ser inmediatamente accesible.»


