Los hombres buenos
Naturaleza y creación
La libertad de expresión es solo la posibilidad de creación de objetos a través del Logos del Hombre. De este modo, el Logos se disuelve en el ser o en la otredad. Ya dijimos que la única eucaristía es la que sale por la boca.
Las relaciones lógicas entre el mundo y la figura lo son hacia dentro y hacia fuera del ser, cosa que las cosmogonías religiosas hacen constantemente en todas las culturas de todos los tiempos, pero siempre con la intención de cambiar la responsabilidad y el compromiso derivado de los imperativos del Logos por la seguridad del ser.
Esto lo suelen hacer legislando el contenido empírico de cualquier cosa, entre ellas la ciencia, a través de formas de figuración que establecen límites místicos fijos y sin posibilidad de cambio o expansión. Suele hacerse esto a través de relatos mágicos, además del cambio de las costumbres a sangre y fuego.
La dignidad humana, derivada de la expansión que las ciencias y la razón ejercen sobre los límites místicos, queda para la razón y la ciencia en reserva, a la espera del corazón de los hombres buenos. A la magia de paralizar los límites místicos, los antiproyectados le llaman "Espíritu Santo".
Que los estados de cosas no coincidan con una forma figurativa no tiene la menor importancia para el figurador. La cosa no es nadar en el estanque del ser, sino superar los saltos de agua del río de Heráclito; llegar al remanso de la Otredad, de donde nace la fuente de los imperativos proféticos. Solo allí se da fruto y se muere tranquilamente. Ni en la materia ni en la estructura lógica existe ninguna palanca con la que mover el mundo. Lo malo no es morir ahora, sino después de la muerte.
La mejor definición de Dios es la de que el hombre es bueno, aunque Dios no exista. Otras definiciones dicen que solo Dios es bueno y el hombre un gusano. ¿Qué Dios prefieres?
