Contratos 2.48
Explora la relación entre profecía, valor y la naturaleza de lo divino en un análisis que desafía concepciones clásicas de la eficacia y la historia.

La profecía se mostraría como un imperativo categórico (o algo parecido). Si lo dirigimos hacia la eficacia y eficiencia, la dirigimos a un resultado conocido, pero por definición es desconocido, porque Dios no es conocido antes del Acto, sino después (Dios viene o Deviene). Si fuese al contrario, sería igual que viajar en el tiempo: podríamos conocer a Dios antes de que se presentase. Aquí no vale el lema ese de "de los errores se aprende" porque la profecía no es una prueba de ensayo y error. Esto es sabido por la teología pagana y lo venden como infalibilidad. Su juego queda al descubierto cuando se mira que el objeto que vende es la eficacia y la eficiencia, propio de la escala de distancias del ser a Dios, o sea, de la antiproyección.
Se puede determinar un valor para cada caso particular, pero no un valor particular para todos (lo que se suele llamar un valor); hay que enseñar a cada particular a devenir ese valor (en lo fundamental lo mismo y no fundamentalmente lo mismo, como decía Agustín de Hipona). Dios y el hombre no devienen por el valor, sino el valor por el hombre...
Lo que en el dibujo se llama recta o curva real no existe en realidad, ya que entre seres solo hay Misterio, con o sin cierto grado de devenimiento (flecha normal en amarillo oscuro).
Dependiendo de que uno haga contratos de valor 2.48 como distancia a Dios o de valor 2.48 como distancia al hombre, se generan dos tipos de opinión y dos tipos de eficacia y eficiencia.
En la antiproyección los procesos de analogía (ideas), comunidad y Dios deben coincidir, para poder hacer esto. Es falso que Dios avance en la Historia, sino en la multilicidad (lo dado devenido), aunque sea la Historia lo que se *ve* en el plano dado-construido. La Historia es lo construido-devenido (que no se ve) más lo dado-construido (que no es deviniente. Por ejemplo, cierta eficacia y eficiencia).
