Paganías

Reflexiona sobre la ética del sacrificio en la figura de Jesús y la complejidad de la pobreza, desafiando creencias establecidas sobre lo divino y lo humano.

admin 21/05/2004 La naturaleza de Dios
Imagen simbólica del artículo «Paganías», en la categoría La naturaleza de Dios.

 El Bien pagano.

Jesús le dio un mal consejo al rico: «Da todo lo que tienes a los pobres...». Eso es un disparate. Es una burla. No valoraba mucho Jesús ese gesto. Con fina ironía le invitó a arrojar un fardo pesado, con el único cuidado de que cayese en algún lugar conveniente. Un pagano da todo lo que tiene a los pobres para seguir al Becerro. Un profeta no da nada a los pobres, salvo seguir a Jesús. Por eso Juan bautizó a Jesús.

El pobre no nació en el sitio debido. No tuvo la educación apropiada. No usó la herramienta debida. Perdió.

¿Ayudaría a mejorar esto a hacer que no sufriese, ganase, conociese? No. Esa acción es éticamente inerte. Dios hila más fino.

Desconocen este matiz los paganos.


El cuerpo pagano de Cristo
Id: 34 Categoría: Naturaleza y antiproyección Date: 2025-07-04 09:39:00

 El espíritu santo del aterrorizado conservador es el poder.

El cuerpo de Cristo son las putas, los maricones, las pajas, los pobres, los delincuentes, los terroristas, los ignorantes y la hez en general.

Una vez comido eso, pueden depredar sin problemas (por ejemplo, a los Iraquíes). Es algo parecido a lo que hacen los musulmanes cuando se manchan las barbas con la sangre de los niños de los enemigos. Ver Génesis-1


El perdón pagano
Id: 227 Categoría: Naturaleza y antiproyección Date: 2010-03-04 21:50:00

 Cordialmente, aceptablemente, solemnemente, honorablemente, se convive con estructuras vitales que son resultado de un pecado asumido, comprendido, más aún, defendido con celo como derecho y ley social, hasta de origen divino; defendido incluso por los que se llaman testigos.

Después de un breve parto doloroso de Dios hacia la conciencia, se aborta y cesa el dolor, se acalla la conciencia; los aliados en ese espíritu te consuelan, se vuelve a la tranquilidad y a la defensa augusta del pecado.

Sabemos que nuestra libertad debe ser superior a la de los pajarillos, pero seguimos aterrorizados por el sustento, olvidados de la fe y la confianza. Para ello siempre decimos:

Dios es totalmente conocido. Los límites de la patria están totalmente establecidos. La ética está cerrada por las líneas de sus fundamentos. Defender la propiedad es defender la propiedad particular. Estos son valores eternos emanados del Dios Verdadero. Acabaremos con el impío que ose ofender estas sagradas leyes (que puede ser cualquiera).

Toda esta falsa estructura sigue en pie, arrastrando ese lastre hipócrita, como si semejantes principios fueran una parte inseparable y constitutiva de la realidad. Para ellos, la realidad solo puede ser anti-ética. Tanto, que al uso de la ética real se le puede llamar "meta-ética", porque casi es un inexistente... Y siempre por la misma causa: El acomodo, la cobardía, la miseria, la vanidad y el orgullo de rol (de ricos y pobres). Y esto es así porque en el mundo sigue habiendo niños que se mueren de hambre masivamente, gracias a estas realidades lastradas del pecado de la hipocresía militante. Todos a los que se acuse se declararán inocentes, o incluso se enfadarán tanto que podrían llegar a matar para resarcir semejante ofensa hacia sus excelentísimos planteamientos existenciales sobre la realidad absoluta (esta gente suele decir que cualquier realidad es absoluta... y cosas de esas).


El sacerdote pagano
Id: 228 Categoría: Naturaleza y antiproyección Date: 2010-03-04 21:50:00

 «Cierto que a la iglesia católica no le gusta la palabra revolución... Le gustan las palabras continuidad, identidad, infalibilidad...» (Hans Küng. ¿Existe Dios?, p. 167).

Esto parece Aristóteles mesurado, pero no es más que Parménides exaltado, Platón oficiante. Una cosa es Dios en la Historia y otra muy distinta la Historia hecha Dios, Becerro del oro y del petróleo. Ese Dios quieto y uniforme, ese universo paralizado, permanente señal del dominador, garante de su codicia; del insaciable apetito del aterrorizado conservador, que ataca cuando Dios se mueve, pensando que se destruye el universo.